miércoles, 9 de enero de 2008

El día después



-Carla... ¡Carla, despierta!
-Uhmmm... ¿qué... pasa? -respondió aún dormida.
-Nena... tenemos que ir a clase... vamos, levántate -le dijo Alejandra que estaba intentando meter un brazo dentro del chaleco del uniforme.
-Naaa... déjame dormir, no tengo ganas -le contestó dándose la vuelta -no me encuentro bien...
-¿No te encuentras bien? ¿te acompaño a la enfermería?
-No te preocupes, Ale, de verdad... vete ya a clase, y di que estoy enferma. Dentro de un rato iré a la enfermería yo.
-¿Seguro? Si quieres me quedo contigo -dijo Alejandra.
-No, no te preocupes, estoy bien. Vamos, no hagas esperar a Gabi, ya sabes como se pone si llega tarde a clase.
-Esta bien... nos veremos en el Salón a la hora de la comida.
-Vale -respondió Carla viendo cómo Alejandra salía por la puerta del dormitorio.

Por fin sola. No había dormido nada en toda la santa noche, estaba reventada. Volvió a dar media vuelta en la cama y se arropó tapándose hasta la oreja. Se acurrucó un poco y volvió a quedarse dormida.

Alejandra y Gabriela se dirigían a la clase de Alquimia, pero mientras bajaban las escaleras, vieron un montón de gente que se amontonaba alrededor de un chico, que al parecer estaba haciendo una demostración del hechizo Patronus. Gabriela miró a todos.

-¡Ale están haciendo magia! ¡¡Parece que es un Patronus!! -dijo Gabriela que salió corriendo para unirse a los demás con la intención de ver el espectáculo.
-Gabi, tenemos que ir a clase....
-Si, si... pero espera, podemos verlo antes, nos dará tiempo, tranquila.

Alejandra aceptó. Era Gabriela la que siempre quería llegar la primera, asi que si se quedaba a verlo, ella también.

-... y ahora, lo mejor de todo... haré aparecer un Patronus. Ejemm... ¡atención! -pidió -¡¡Expecto Patronum!!

Al instante, un hermoso y grande caimán apareció de la nada, formándose con un humo plateado que salía de la varita del chico. Éste le hizo correr por el pasillo, mientras los alumnos se apartaban para dejarle paso.

-¡Genial!
-¡¡Es precioso!! -decían.
-¡Así se hace Andrés! -le felicitó una Delfín, que al parecer era de su curso, pues todos esperaban frente a la puerta de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-¡Joder Gabi! ¿cómo sabías que era...? Da igual, no me respondas... me das miedo ¿sabes? -dijo Alejandra pálida.

Gabriela sonrió a su amiga, y posó su mirada sobre el Delfín que había demostrado que sabía cómo conjurar un Patronus. Todos le felicitaban, le daban golpes en la espalda, le animaban... Gabriela solo le miraba.
En un instante, sus miradas se cruzaron. Se sonrieron.
Gabriela no sabía qué hacer, así que desvió la mirada.

-Ale, vamos. LLegaremos tarde -terminó por decir.
-Pero... si tu dijiste... aiss, está bien. ¿Quién te entiende?

Las dos se dirigieron de nuevo hacia la escalera que daba al segundo piso, donde estaba el aula de Alquimia. Mientras los Delfines entraban en el de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Entraron en su clase y se sentaron a esperar al profesor Manuel. Era extraño, pues siempre era el primero en llegar, aunque no importaba... al menos tenían unos minutos más para descansar después de tantas escaleras.
Tras cinco minutos llegó: sacó su varita y les dijo a los chicos que sacaran un pergamino. Les tocaría coger apuntes sobre cómo llegar a obtener del agua, oro.
Después Pociones. La profesora les corrigió los pergaminos sobre la Poción de la Vida, pero antes de volver a intentarla, prefirió continuar con otra algo más fácil: un Filtro de Amor. Fue desastroso: más deberes.
Le seguía dos horas de Adivinación.... Alejandra no tenía escapatoria. Fue el único objetivo de Gabriela aquel día. Y después de lo sucedido por la mañana con el tal Andrés, ya tenía bastante. Como no, un par de profecías más para la chica de parte de la "Gran Gabriela", como la llamaban Carla y Alejandra.

Ya eran las dos de la tarde. En el dormitorio, Carla se acababa de despertar. Había tenido un sueño, que al parecer no recordaba del todo bien... pero estaba segura de que había un chico... no sabía quién era. Pero su corazón le decía que era él. Estaban a solas en una cabaña en medio de las montañas salmantinas, completamente rodeados por nieve recién caida. El misterioso chico sin rostro le daba la mano para entrar a la cabaña. Dentro no hacía frio, una chimenea estaba encendida, esperando dar calor a cualquier viajero que se atreviera a entrar y a su lado, un enorme sofá de cuadros esperaba a que alguien lo suficientemente cansado se sentara sobre él. El chico le llevó al sofá, le sentó, cogió una manta y se sentó a su lado, acercándola para que se echara sobre su pecho. Mientras él le acariciaba el pelo.... Se sentía bien, a gusto, a salvo.
En ese momento se despertó.
Se levantó de la cama, fue al armario y cogió ropa limpia. Una vez en el baño abrió el agua caliente de la ducha y se metió dentro. El agua le mojó su largo pelo castaño, haciendo que se estirara hasta la curvatura de su espalda. Bajo la catarata de agua comenzó a llorar de nuevo. Se sentía impotente. No podía hacer nada para estar al lado de Rodrigo. Él a penas le hablaba.
Sentía cómo el agua bajaba por sus hombros, mojando sus cláviculas, sus pechos, su barriga, sus muslos, llegando a sus pies. Quería gritar, gritar a los cuatro vientos que le quería, que de una vez se enterara.... pero de qué serviría, no estaba allí para escucharla.
Cogió el albornoz y salío de la bañera dejando mojado el suelo. Se secó y se vistió para bajar a almorzar aunque no tenía ningunas ganas de encontrarse con nadie, y menos aún con él.


Rodrigo entró al Salón como alma que lleva el diablo y se sentó a la mesa. Estaba muerto de hambre, así que cogió un plato y se aparto de todo, todo. Albóndigas, patatas asadas, huevos rellenos, pollo... y comenzó a comer como si no lo hubiera hecho en días.
Joel, repitió la operación. Pero Nakor no tenía hambre. Estaba preocupado.

-¿Gué te paga Gakog? -le preguntó Rodrigo con la boca tan llena que no le cabía nada más.
-No se.... creo que tengo ganas de que llegue esta noche para poder salir de nuevo. Tenemos que averiguar quiénes son los dos del bosque. Tenemos que saber qué traman.
-Estoy de acuerdo -contestó Rodrigo que había tragado con cierta dificultad todo lo que un segundo antes estaba masticando.
-Si, no pogemog egpegag mag... -apoyó Joel, que seguía comiendo ante la mirada de preocupación de Nakor. Antes estaba su estómago, después lo demás.
-Habrá que intentar averiguar de quién es la voz de la chica -dijo Nakor mirando fijamente a Alejandra, que estaba en la mesa de los Linces comiendo un poco de pollo asado.
-Eso será dificil Nak, ya quedamos en ir esta noche al bosque... lo de buscar la voz es complicado. Hay... ¿cuántas? ¿unas quinientas chicas? -recordó Rodrigo.
-Es verdad... es imposible... ¡Mierda!
-Tranquilo, esta noche saldremos, yo iré con vosotros -sentenció Rodrigo.

En ese momento, Carla entró al Salón directa hacia la mesa de los Linces. Rodrigo la vió y la paró antes de que llegara.

-Carla, ¡Carla! oye Carla... este... quería preguntarte si ya te encuentras bien
-Ro.. Rodrigo... si, ya estoy mejor gracias -contestó intentando sonreir.
-Me alegro mucho, es que ayer estabas tan... rara... pensé que era algo grave.
-No, no te preocupes, estoy bien -terminó por sonreir.
-Estupendo entonces. Nos vemos, voy a seguir comiendo.
-Esta bien. Hasta después.

Carla soltó un suspiro de alivio al ver que Rodrigo había acabado su interrogación y volvía a su mesa. Se sentó al lado de Ángel y de Gabriela, Alejandra estaba de frente.

-Nena ¿estás mejor? -preguntó Alejandra.
-Si... mejor.
-Menos mal, estábamos preocupadas... ¿al final fuiste a la enfermería? -le preguntó Gabriela.
-No. Me quedé dormida, no me dio tiempo -les respondió Carla.
-Bueno.. si estás mejor, no hace falta que vayas -dijo Ángel -pero eso si, no me falles mañana, tenemos entrenamiento.
-Joder Ángel, no atosigues ¡está mala por Casandra! -reprendió Gabriela.
-Está bien, está bien... ya me callo -le dijo guiñándole un ojo a Carla.
-Mucho mejor -terminó Gabriela.

Carla comenzó a comer, mientras Ángel la miraba. Gabriela por su parte, estaba interesada en localizar al Delfín que había visto por la mañana. Aquel chico le pareció extremadamente interesante.

lunes, 7 de enero de 2008

Más Aventuras


La oscuridad de la media noche ya había envuelto al Castillo que parecía aún más robusto con el baño de plata regalado por la luna llena, y los terrenos se habían vuelto indescifrables bajo la falta de luz, confundiéndose con el cielo en la oscura noche. Imperceptibles desde el Castillo, millones de ruidos se hacían eco en el bosque... millones de criaturas lo habitaban. Las más expectaculares criaturas mágicas convivían con animales salvajes propios de las montañas salmantinas. Linces, conejos, perdices, ciervos y zorros convivían con unicornios, centauros, duendes y saxems en perfecta armonía.
Muchos de ellos, nocturnos, se apresuraban a buscar alimento, mientras otros se dedicaban a explorar el terreno. En eso estaban dos Lobos: Nakor y Joel.
Se habían despertado una hora antes para prepararlo todo, bajo la reprochadora mirada de Rodrigo, que aún intentaba convencerlos de que se quedaran en el dormitorio.

-Chicos, por favor... ¿sabéis lo que harán si os pillan? Quedaos aqui, será mejor.
-De eso nada, Rodri. Además, no vamos a hacer nada malo... vamos a dar una vuelta a ver qué vemos -le decía Nakor que metía su brújula mágica (reciente adquisición en la tienda Mil Objetos Mágicos de Sanchotello) dentro de una pequeña mochila de piel de dragón.
-¡Eso! -le apoyaba Joel -mejor, ¿por qué no te vienes?
-Déjalo Joel, no vendrá... Rodri quiere ser Encargado -le decía serio a Joel mientras miraba a Rodrigo.
-Es normal que todos tengan aspiraciones ¿no? ¿o acaso tu no las tienes Nakor?
-Pues si, las tengo... pero no tienen nada que ver con responsabilidades de ese tipo. Lo que quiero es ¡divertirme! -le decía sonriendo.
-Espero no tener que decir "Te lo advertí" Nak. Podéis hacer lo que querais, yo me piro a la cama. Hasta mañana chicos y... tened cuidado -dijo esbozando una sonrisa que se perdió en el rostro de Rodrigo.
-Que descanses Rodri, nosotros nos vamos.

Nakor se puso la mochila a la espalda, ambos se colocaron sus capas de invisibilidad y salieron por la puerta. Bajaron las escaleras de la torre de los Lobos hasta llegar al pasillo del sexto piso. No había nadie, estaba completamente desierto. "¡Bien! mejor para nosotros" pensó Nakor mientras le indicaba a Joel sacando una mano, que podían bajar. Los dos se apresuraron de puntillas hacia las escaleras... Escalones y más escalones, parecían interminables.
De repente, apareció un Encargado de los Osos que estaba haciendo la ronda nocturna bajo la luz de su varita. El chico pasó por el lado de Joel, que tuvo que apartarse para que no chocara con él, gracias a Cassandra no resbaló pues pudo sujetarse por poco a una piedra que sobresalía en la pared. Se dejó caer hasta sentarse a causa del susto.
El Encargado se volvió "Al parecer habían hecho mucho ruido". Pero al no ver nada, se dió la vuelta y siguió con la ronda.

-¡¡¡Joder, por poco!!! -susurró Joel.
-¡Shhhh! calla, nos va a oir.... vámonos de aquí -sugirió Nakor a través de su capa.

Los dos siguieron su camino, bajando escaleras. Al fin llegaron a la entrada donde se erguía la puerta principal. Sería difícil abrirla sin que nadie se diera cuenta, la madera estaba bastante vieja, pero Nakor había pensado en todo: le haría un hechizo silenciador "Silentianuae" mientras la abría Joel con su varita.... y en menos de un segundo estarían los dos fuera del Castillo. Así fue. Los dos salieron sin problemas, gracias a que no había nadie rondando la primera planta.
Una vez fuera, Joel soltó un suspiro de alivio... aunque aún no estaban a salvo. No lo estarían hasta que de nuevo llegaran al dormitorio.

-Vamos Joel, no podemos pararnos aquí, debemos seguir...
-La verdad, es que a estas alturas me da igual comprobar si el fantasma de Alfonso VI anda por los terrenos Nakor... te lo juro. Lo que quiero es que no nos pillen, o se nos caerá el pelo... -le decía Joel mirando para todos lados.
-Eres un cagado tio. Venga, vamos -le decía mientras intentaba tirar de él sin verle.
-Vale, vale... ya voy...

Se encaminaron hacia el bosque sin ver nada, tropezando con cada rama, cada piedra, cada tocón. Cuando ya llevaban una media hora caminando a oscuras, era imposible distinguirse a si mismo, asi que decidieron encender sus varitas.

-Joel, no la enciendas demasiado, o nos podrían ver desde el Castillo... o peor, desde el otro lado del bosque.
-¡Lumos! -dijo Joel en voz baja bajo su capa, como si aún estuvieran escondiéndose, mientras se encendía la varita con una luz más tenue de lo habitual.
-Creo que así está bien, con la tuya tendremos bastante -mientras secaba la brújula mágica, que indicaba todos los tesoros, lo que más deseaba encontrar el que la portaba.

En menos de un segundo, la brújula comenzó a brillar mientras apuntaba hacia el Este.

-¡Joel he encontrado algo! -gritó Nakor desde dentro de su capa.
-¿Dónde estás? Joder, Nakor ¡no te veo! -le dijo el chico.
-¡Aquí leches! -le respondió sacando la mano mientras le saludaba, pues él veía la brillar varita de Joel, que la llevaba fuera de la capa.
-Vale, vale... ¡espérame! -Joel corría detrás de las huellas de Nakor que había empezado a correr en busca de lo que la brújula indicaba.

El brillo cada vez se hacía más intenso. Estaban cerca. Nakor tuvo que tapar con una mano el destello que emanaba de la aguja de la brújula, "alguien podría verles". Se paró en seco y Joel chocó contra él.

-¡Joder Nak! ¿Por qué te paras así?
-¡¡¡Shhhhhhhhhhh!!! calla.... -le dijo en voz baja mientras le tiraba de la capa para que se agachase donde él estaba.

De repente, se dieron cuenta de que había algo allí delante. Joel ahogó las ganas de gritar tapándose la boca con las manos, mientras Nakor se acercaba más, tan sigilosamente como se lo permitían el millar de ramas caídas en el suelo. Intentaba no hacer ruido, pero era imposible, asi que decidió pararse a una distancia prudente, mientras Joel iba tras las marcas que había dejado en la tierra mojada de la lluvia caída por la tarde. Se quedaron en silencio intentando escuchar algo.

-.... no, eso no puede ser. Él no ha podido decir eso. ¡No lo puedo permitir! ¡No puedo hacerlo! -decía una voz femenina.
-Lo hará, o ya sabe a lo que se expone... tendrá que enfrentarse a él ¡a su furia! -dijo una voz grave.
-Pero... ¿cómo pretende que haga eso? ¡es imposible! -volvió a repetir -Están bajo llave, protegidas por mil hechizos ancestrales ¡Nadie las puede sacar de ahi!
-Encontrará la forma si quiere seguir aquí -dijo el hombre.
-Es imposible, con mis conocimientos no puedo conseguirlo ¡Aún no he acabado, no sé cómo hacerlo Estarlan!
-¡Hágalo!

Tras decir esto, la figura más alta desapareció tras un vaporoso humo. La figura de la chica comenzó a moverse en dirección al Castillo hasta desaparecer en la oscuridad.

-¡¡¡¡Por Morgana!!!! ¿¿Has escuchado eso Joel?? -le preguntaba aún blanco ante la revelación que habían tenido -alguien piensa llevar a cabo algo, y nosotros tenemos que descubrirlo todo, tenemos que ayudar a desvelar si tiene algo que ver con Salmanfortis. ¡Además, tienen ayuda dentro! ¡Hay alguien infiltrado! Al menos sabemos que es chica, y debe ser de los cursos superiores... pero ¿qué Casa? Creo que esto debe saberlo Rodrigo.
-¡¡Si, debemos contárselo!! -decía Joel con ganas de irse de aquel lugar, sin duda había sido peor que encontrar a un Bravo Monarca medieval.

Los chicos salieron corriendo hacia la Zona Común a contárselo todo a Rodrigo. Estaba dormido, pero nada les detuvo. Lo zamarrearon hasta despertarle.

-¿¿Qué cojones pasa? ¿Por qué me despertais así? -les preguntó asustado.
-Rodri, acaba de pasar algo, lo hemos visto todo...
-¿Ya os habéis metido en algún lio?
-No, ninguno, pero.... -intentaba decir Joel, pero Nakor le cortó.
-¡Calla Joel! No das una, ya le explico yo -le soltó Nakor impaciente -estábamos en el bosque, buscando el fantasma de Alfonso, pero no lo encontramos. La brújula nos llevó hasta una zona del bosque muy alejada. Y encontramos a dos figuras hablando....

Nakor se lo contó todo sin olvidar ningún detalle. Rodrigo se quedó preocupado. No sabía qué hacer, si decirselo a la directora, callarse, o por el contrario actuar. Eso último fue lo que acordó con los otros dos. La noche siguiente volverían a salir a ver si con suerte, aquellas dos personas volvían a encontrarse en el mismo lugar y podían averiguar algo más.

A la mañana siguiente, se vistieron rápido con la intención de ir a desayunar cuando más gente había. Nakor tenía la esperanza de reconocer la voz femenina.
Pero al bajar, se dieron cuenta de que esa era una misión imposible. Había más chicas que chicos... no podían ir una por una haciendo que hablaran "¿con qué excusa?" No. Aquello no era una buena idea. Deberían esperar a que se hiciera de noche.

En la mesa de los Linces, Carla, Alejandra y Gabriela desayunaban aún somnolientas y bajo la atenta y disimulada mirada de Ángel, que no apartaba la vista de Carla.

-¿Sabéis qué? Hoy he soñado con un chico -dijo Gabriela haciéndose la interesante.
-¿Con un chico? ¿¿Con quién?? -preguntó Alejandra pícara mientras lamía algo de mermelada de frambuesa que amenazaba con caer de su tostada.
-¡Eso, eso! ¡¡Cuenta!! -añadió Carla.
-No lo recuerdo muy bien, pero el chico estaba sentado a una mesa de éstas, y se levantó.....

Carla dejó de oir la historia. Sus ojos se posaron en Rodrigo. El Lobo hizo lo mismo.
Ella se levantó de la mesa, bajo la mirada de sus amigas, que ponían cara de no entender nada. Salió de su banco, rodeó la mesa de los Linces sin apartar la mirada del chico. Azul y verde, encontrados. Cada paso estaba más segura de si misma "Era el momento".
Llegó a la mesa de los Lobos bajo la mirada de todo el Salón. Todos habían parado de desayunar y la miraban. Su paso decidido la llevó hasta el chico de sus sueños. Se paró delante de él, mientras Rodrigo hacía lo mismo: había parado de comer una tortita y fijamente, aún la miraba.
Ella se acercó a él, bajando su cabeza y doblando la cintura para agacharse... sin decir media palabra, le besó. El beso más apasionado y mas tierno, el más romántico y más dulce, el más fervoroso, el que derrochaba más deseo. Se comían, se mordían, se lamían.... Carla no podía soportarlo y soltó un gemido que resonó en todo el Salón. Miró alrededor. No había nadie, estaban solos. El resto del mundo había desaparecido, solo estaban ellos: ella de pie, él sentado.
Rodrigo se levantó, con el brazo tiró todos los platos al suelo, la cogió por la cintura y la sentó en la mesa.
Carla comenzó a respirar con dificultad... había soñado con esto mil veces, a todas horas pensaba en alguna escena parecida a aquella.
Él la cogió por la nuca y la dejó caer en la mesa mientras la besaba, le mordía los labios, le besaba el cuello, le acariciaba la mejilla. El calor se apoderó de ella, que cada vez notaba más humedad mientras le palpitaba todo su cuerpo. Gemía.

-Te quiero Rodrigo -le dijo en un arrebato.

El chico le sonrió, le quitó la camiseta blanca de mangas cortas y siguió recorriendo el cuerpo de Carla con su lengua, besando por donde pasaba aquella. Se quitó la camisa celeste a juego con sus ojos y después desabrochó la falda vaquera de la Lince con tanta duzura que Carla no podía creer que eso estuviera sucediendo.
Por fin, a solas con él. Era suyo.
Se subió a la mesa con ella, y se tumbó encima mientras seguía besándola y lamiendo sus pechos. Las uñas se le clavaron en la espalda, llegando a hacerle unas marcas rojas. Él se mordió el labio. Le había dolido, pero no le importaba. Era el fruto de la excitación de Carla y le encantaba.... También estaba excitado, como dejaba patente aquel hinchazón en su entrepierna. Intentando controlarse, le quitó el sujetador y le bajó las braguitas lentamente. Estaba desnuda. Se bajó sus slips y dejó al aire su pene que clamaba por Carla.
La chica le cogió los brazos y lo atrajo hacia ella, le besó "estoy lista" pensaba mientras abría sus piernas dejándole en el medio. Sudaban, el calor era insoportable.
Con cuidado, lo fue introduciendo, despacio. Ella gimió fuerte... le dolía, pero ya nada le importaba, solo Él. Hacia fuera, de nuevo adentro, él se movía lentamente mientras se mordía los labios y besaba a una Carla fuera de sí. Sus gritos resonaban en el Salón con tal eco que tuvo que taparse la boca con una mano. ¡¡¡Dios....... atraeremos a todos aquí!!! Pero eso a él no parecía importarle, disfrutaba con los gemidos de aquella mujer. Seguía moviéndose, más calor, más pasión, más gemidos, gritos, más aún... y llegó. El Éxtasis. Carla flotaba en una nube junto su chico, su amor, el hombre de sus sueños. Al acabar, se acercó al oido y le dijo.

-Te amo Carla.

Estaba alucinada, "¡No podía creer lo que había escuchado! ¿Era cierto? ¿Le quería?" Ella si, lo sentía. Estaba enamorada. Aún tumbados en la mesa, volvió a besarle de nuevo. Sentía sus labios gruesos, suaves.... cada vez menos, menos suaves, menos reales....

-..... creo que me dijo, "Busca la Felicidad" ¡La Felicidad! ¿Qué os parece? -terminó Gabriela.
-Vaya cosas más raras sueñas Gabi, ¿verdad Carla? -le preguntó Alejandra.
-....bufff... -estaba paralizada: los ojos fijos, la boca abierta.
-¿Carla? ¿Estás bien? Estás un poco roja, y estás.... sudando... ¿Qué te pasa?
-N...na...da -consiguió articular la chica antes de levantarse.

Salió corriendo del Salón, sin mirar a Rodrigo... le daba demasiada vergüenza. Corrió hacia las escaleras. Rodrigo se había levantado y la había seguido, al igual que las demás chicas y Ángel.

-Carla ¿Estás bien? -le preguntó el Lobo desde la puerta del Salón.
-Si.... -dijo sin parar de subir las escaleras y sin mirar a quien momentos antes había tenido delante suya, besándola, haciéndole el amor.

No paró hasta llegar a su dormitorio, abrió las sábanas y se metió dentro aún vestida. Metió la cabeza debajo de la almohada y contuvo la respiración al recordar lo que al parecer había imaginado. Cerró los ojos con fuerza y comenzó a llorar con una sonrisa. Al menos en sus pensamientos, Rodrigo era suyo.

viernes, 4 de enero de 2008

Deseos inconfesables






Veinticinco de Septiembre. Ya había pasado casi una semana desde que las Linces consiguieron los puestos dentro del equipo de quidditch. Los entrenamientos se fijaron los martes y jueves, añadiendo algunos sábados si el Capitán lo veía necesario. Ángel casi siempre cogía los sábados, no porque fuera necesario, pues creía haber formado el mejor equipo de quidditch de los últimos tiempos, sino porque pensaba que todo entrenamiento era poco. Era muy perfeccionista, y ensayaba las jugadas mil veces por si acaso. "Nunca se sabía lo que podía depararte un partido" decía siempre, así que entrenaban con lluvia, sol, tormenta, nubes.... y según él, todo eso era necesario.


-Ángel ¡por Hécate! Es sábado.... y ya hemos entrenado bastante.... anda, dejémoslo... -decía Carla que estaba llena de barro hasta las cejas.
-¡Eso! -apoyó Alejandra.
-Si... deberíamos parar, Ángel -dijeron Miriam y Vanesa que estaban empapadas a causa de la lluvia.
-El día está horible como para seguir -dijo Iván.
-Yo ya no puedo más... -terminó diciendo Mario que se sentó en su escoba dejando los pies apoyados en el suelo.
-Esta bien... creo que lo dejaremos por hoy -accedió Ángel al ver las caras de las chicas que parecían estar cansadísimas.
-¡¡Bien!! -gritaron todos a la vez.

Se dirigieron a los vestuarios, a darse una ducha y a ponerse algo de ropa seca y libre de fango.
Alejandra tuvo que irse antes, tenía deberes de Adivinación "Un asco", y el resto desaperecieron bajo parguas de colores o algún que otro hechizo anti-lluvia.
Hacía tiempo que Ángel quería tener así a Carla, a solas. Ella se estaba poniendo unos calcetines altos con un pantalón por las rodillas color miel. Encima, se puso unas botas blancas planas que iban a juego con su chaleco blanco y suave de pelo corto al que le había hecho un hechizo de brillo. Estaba preciosa. "¡Aún es demasiado pronto!" pensaba mientras miraba cómo se colocaba las botas y se peinaba recogiéndose la larga cabellera en un moño alto al estilo de las bailarinas de ballet. Cogió un abrigo corto negro y una bufanda amarilla. Se los puso mientras Ángel se daba la vuelta y la miraba a través del espejo en el que intentaba hacerse un hechizo para controlar su pelo.


-Bueno, Ángel, yo ya me voy.... nos vemos en la cena, ¡Adiós! -le dijo.
-Es..este... está bien carla -respondió.

El chico se quedó mirándola mientras salía del vestuario y con graciosa agilidad, sacó su varita e invocó un hechizo anti-lluvia "Haudimbris" y siguió caminando sin pararse hasta llegar a la puerta principal del Castillo.
No sabía lo que le pasaba... era extraño. Su estómago se volvía loco al verla llegar a los entrenamientos, al sentarse a su lado a la hora de comer, al pronunciar un hechizo delante de todos en las clases de Encantamientos... Siempre había pasado de las chicas, su pasión era el Quidditch y era lo único que le interesaba... hasta ahora. Carla era excepcional, especial, ideal para él. Simpática, inteligente, divertida.... todo en ella le gustaba.
Salió de sus pensamientos, "Debo decírselo" no quería esperar más. Aunque... no se veía con fuerzas. Cada vez que la tenía delante, se ponía tan nervioso que acababa hablando de cualquier otra cosa. Pero ya se había fijado el objetivo de que aquella semana que entraba se lo diría y no había vuelta atrás.
Alejandra acababa de terminar los deberes. Cerró le libro del que sacaba las respuestas, enrolló el pergamino, lo guardó junto con la pluma, se esperezó en la silla y se frotó los ojos.


-Estoy muerta.... entre deberes y entrenamientos... yo ya no puedo más -le decía a Gabriela que estaba en el sofá leyendo 'El Arte de leer el Futuro y cómo ser un buen Adivino'.
-Imagino que si... por eso yo paso del quidditch, es demasiado comprometido... además, no me gusta demasiado. Aunque me encanta ver los partidos... y ahora más, que estareis vosotras -respondió con una sonrisa ante la visión de verse con la bufanda del equipo y animando a sus amigas.
-Pues a mi me encanta el quidditch. Se que al final tendremos menos tiempo para todo, y que los entrenamientos son duros, pero por estar en el equipo hago lo que sea.
-Eso si, como no ganeis, os haré un hechizo reductor de cabezas -bromeaba Gabriela.

Las dos empezaron a reirse mientras la puerta de la Zona Común se abría para dar paso a una Carla demasiado cansada como para cerrarla, cosa que tuvo que hacer Gabriela.


-¿Qué te pasa Carla?
-Muerta, Gabi, estoy muerta... -le dijo mientras se sentaba en el sofá -además, ya casi es la hora de cenar.

Se le cambió la voz y la cara. Llevaba ya casi cuatro días sin ver a Rodrigo entre entrenamientos, clases y deberes. Pero estaba decidida a buscarlo, quería verle.


-Vamos, debemos bajar a cenar -dijo Alejandra sin mucha ilusión, a causa del cansancio.


Las tres salieron en dirección al Salón, casi sin hablar. Tenían más sueño que hambre, menos Carla, que no tenía ni una cosa ni otra.... solo quería ver a Rodrigo.
Al entrar, todo estaba en silencio. Los chicos comían en cada una de las cinco mesas, sin pronunciar palabra. La semana había sido agotadora. Deberes, entrenamientos, más deberes, más entrenamientos.... Gracias a Merlín, ya solo quedaban horas para comenzar una nueva.
Alejandra cogió de todo un poco: salchichas, pollo asado, jamón, carne en salsa, guisantes, arroz con tomate y para terminar, un poco de flan. Comía sin cesar mientras Gabriela se apartaba algo de mousse de chocolate y Carla ya no podía estirar más la cabeza hacia la mesa de los Lobos buscando a Rodrigo.
Él, Nakor y Joel no paraban de reir. Al parecer estaban planeando algo, mientras Rodrigo se negaba rotundamente a lo que pretendían llevar a cabo. En menos de un segundo, una mirada del Lobo se escapó hacia la mesa de los Linces, y se encontró con la de Carla. Deseaba desviarla, pero no podía. Veía tan cerca sus ojos azules que no deseaba mirar otra cosa. El tiempo se paró, no había nadie alrededor. Él tampoco podía, y no sabía si quería parar de mirarla.


-.... es que no puede ser, te llenas la boca! -dijo Alejandra mirando a Carla, que tenía toda la boca llena de mousse de chocolate.
-Aisss.... que horror. -dejó de mirar al Lobo y cogió una servilleta para limpiarse roja como una Saxtem de fuego.
-Jajajajajaaa -Gabriela no paraba de reir al ver la cara de Carla -tendrás que usar más de una servilleta, nena.
-Pásamelas Gabi -pidió.
-¡Toma anda!

Se limpió lo mejor que pudo, y volvió a mirar a Rodrigo, que le sonreía mientras se tocaba el pelo. "¡Dios, le estaba mirando! ¡Le seguía mirando mientras se limpiaba! ¡¡¡Qué vergüenza!!!"
Terminó de limparse bien y salió del Salón sin esperar a las chicas. Dió media vuelta en la puerta hacia la izquierda y siguió el pasillo recto hasta la estatua de Leonardo el Noble, al parecer un antiguo director de la Edad Media, y entró en un aula donde se daban clases de Numerología.
Se levantó también y la siguió: giró a la derecha, por el pasillo recto hasta el aula y entró.


-Hola.... Carla -dijo.
-H... hola.... ¿qué haces tu.... aquí?
-Te he visto salir deprisa, sin esperar a tus compañeras y pensé que te ocurría algo.
-Es... estoy bien, gracias Ángel -respondió la chica que aguantaba las lágrimas como podía.
-No, no lo estás Carla. Lo noto.
-¿Pero qué dices? No me pasa nada.
-Te conozco... no desde hace mucho, pero no importa. Lo suficiente como para saber si algo te preocupa o no. -le dijo el Capitán de los Linces.
-Vaya.... no sabía que me conocías tan bien.

No esperaría más, "¡Se lo diría ahora! Estaban solos... era ahora o nunca"

-Carla.... yo.... yo.... -comenzó a decir -tu.... este....
-A ver, ¿yo o tu? aclar...
-Shhh, calla o no podré decirtelo.

Ángel se acercó a ella lentamente, mirándola de arriba a abajo, admirando sus botas blancas, su pantalón, increíblemente ajustado a su figura, su pelo recogido que le daba un toque elegante y sensual. Llegó hasta sus ojos y la miró fijamente reflejándose en su color verde.

-¿Qué te pasa Ángel? ¿Estás bien? -preguntó asustada.
-Si, estoy mejor que nunca Carla....

Sin terminar de decir esa frase, se acercó y le acarició la mejilla, notando sobre la yema de sus dedos la suavidad de su piel.

-No estés triste....
-No... no lo estoy -dijo sonriéndole.
-Piensa que hay mucha gente que no quiere ver cómo lloran esos ojos.

No sabía qué responder a eso. "¿Quiénes? Sólo tenía unas cuantas amigas, y si alguien le importaba ese era Rodrigo" Pero Rodrigo a penas se fijaba en ella.... Solo aquella noche había notado que por un segundo había logrado captar la atención del chico. "¿Qué había cambiado?" No entendía nada. Y ahora él, Ángel, que estaba allí con ella, sin saber por qué ni para qué. "¿Acaso iba a decírselo?" Estaba hecha un lio.
En aquel momento, en que Carla se había quedado mirando al Lince, Alejandra y Gabriela entraron buscándola.

-Nena, estábamos preocu... perdón ¿interrumpimos algo? -preguntó Gabriela.
-No, claro que no Gabi... yo ya me iba hacia la Zona Común.
-Si, yo también me iba... adiós -y el chico salió del aula caminando con paso rápido.
-¿Qué le pasa a ese? -le preguntó extrañada Alejandra, que le seguía con la vista hasta que se perdió en el pasillo al girar hacia la izquierda.
-¿Yo que se? Está raro, tia -contestó.

Las chicas se fueron a sus dormitorios, era tarde y estaban cansadas tras aquel sábado agotador. Entraron, se pusieron los pijamas y se metieron en la cama, que cada noche que pasaba, estaba más fría. Un escalofrío recorrío la espalda de Carla mientras se acurrucaba y se tapaba más. En menos de cinco minutos, ya estaban dormidas.


El día anterior, habían vuelto a bajar a las Catacumbas, a invocar su sofá celeste, a estar desnudos, piel contra piel, labios, besos, lenguas, lametones, mordiscos, pasión, deseo, gemidos, sexo. Julia deseaba tener aquellos encuentros a cualquier hora. Buscaba cualquier hueco libre para estar con Tomás, el chico que había perdido su virginidad con ella. Antes era inexperto, ahora tras varios encuentros, era el primero que deseaba estar con ella.
Le necesitaba.... se necesitaban.

martes, 1 de enero de 2008

Celebraciones dulces







Le cogió la mano y tiró hacia ella, pero se pararon en seco al ver que aún había un chico que les miraba en el vestuario. Por fin se fue. Había estado espectacular aquella tarde, él nunca había visto nada igual. Mientras, ella le sonreía y se llevaba un dedo a la boca con sensual picardía intentando pensar algún lugar en el que satisfacer su incontrolable deseo... "¡Las catacumbas...!" pensó y rápidamente, sin pararse a pensar en las consecuencias si les pillaban, tiró de él hacia el castillo, en dirección a las escaleras que se encontraban tras la efigie de Demetrio, el anterior Director situada a la entrada, justo en frente de la gran puerta de roble que cerraba el paso a aquellos intrusos que no debían estar allí al no ser ni estudiantes ni profesores.
Pasaron un arco que les daba la bienvenida al lugar donde se encontraba la clase de Pociones, y siguieron bajando, hasta el lugar donde eran enterrados todos los directores de la escuela, con las varitas iluminadas en alto intentando ver el lugar por el que pisaban, oculto por la caprichosa oscuridad que se cernía en aquel escalofriante recorrido.
Corrían escaleras abajo, jadeando, sin saber si era debido al cansancio de bajar aquellas interminables escaleras o fruto de aquella imparable pasión que parecía haberse apoderado de ellos.
Al fin, los escalones acabaron para abrirse en una enorme sala, bastante iluminada para estar bajo tierra. La luz provenía de unas enormes lámparas de velas colgadas del techo, que estaba increíblemente alto. La estancia era sobria, sin decoración alguna solo se apreciaban sus paredes de piedra y un sillón de cuero y madera que parecía estar esperando que alguien se sentara sobre él.
En un instante, sus miradas se cruzaron. Ella le sonrió y él sin poder soportarlo más le acarició el pelo, que le caía a los lados de la cara algo revuelto a causa de la carrera. Era suave, del mismo color que los rayos del sol.... parecía una hermosa veela. Y allí estaba, delante suya esperando a que él diera el primer paso. Era la segunda vez que se veían, pero la atracción que ambos sentían resultaba incontrolable.
Él se acercó más a ella "¡Es preciosa, por Merlín!" retrasando el momento de besarla mientras recorría con su mirada cada poro de su piel, de su cara angelical. Los dos se miraban y sin poder soportarlo ni un segundo más, ella se acercó a sus labios y los lamió despacio, recreándose en su
sabor. El le besó con ansioso deseo, recorriendo con la lengua la cavidad de su boca en busca de la de ella. Le lamía, le besaba, le mordía los labios que parecían tan apetitosos como una manzana madura. Poco a poco, comenzó a notar una presión entre las piernas, frenada a duras penas por la tirantez de su pantalón gris. Gimió ante aquel placer recién descubierto. Ella sonreía divertida ante aquel espectáculo mientras se mordía el labio inferior y miraba su entrepierna. Pero eso no acabaría ahí.
Se acercó a él un poco más y comenzó a lamerle la oreja y a mordersela suavemente, siguiendo lo que parecía un camino bien trazado: la oreja, el cuello y.... Le besó el cuello mientras con sus delicadas manos comenzaba a desabrocharle la corbata para seguir con los botones de la camisa.

-Pero... -intentó decir.
-Shhh... calla... -le cortó.

Le besó de nuevo con intención de ahogar la pregunta del chico. Ahora no quería escuchar dudas, solo le deseaba a él. Quitó el resto de botones, uno a uno muy despacio. Cada botón desabrochado, una mirada se desviaba a su cara, y como no, a su creciente erección que amenazaba con estallar de un momento a otro.
Él se mordía con fuerza los labios mientras se dejaba hacer e intentaba con todas sus fuerzas que lo que estaba sintiendo no fuera a más.
Y ahora le besaba, de nuevo le besaba, pero en otro lugar... su pecho desnudo, joven, inexperto, bajando lentamente. Sentía que no soportaría más. Sus manos se deslizaron ahora hasta el único botón de su recién estrecho pantalón seguido de la cremallera, y los desabrochó dejando en libertad su pene erecto, aún resguardado dentro de sus slips. Al sentir la cercanía de sus manos, cerró los ojos con fuerza intenando controlar los latidos de su corazón, que estaba desbocado. Un extraño calor estaba apoderándose de él, mientras ella comenzó a desabrocharse el primer botón de la camisa, el segundo, el tercero, el cuarto... Sus pechos casi quedaban al aire, afirmados por un sujetador de encaje negro transparente. Lo sentía, comenzaba a humedecerse.... Cerró de nuevo los ojos, no se sentía con fuerzas para ver nada más. Su erección ya casi estallaba dentro de aquellos slips de snitchs "¡Dios, que horror! los más horrorsos..." que comenzaban a abrirse por el elástico superior como por "arte de magia". Pero no importaba, su delicada mano estaba juguetona, y decidió jugar con aquello. La introdujo dentro, haciéndose hueco a través del elástico incapaz de mantenerlo guardado. Poco a poco lo fue bajando para dejar al descubierto la completa desnudez de aquel chico que se moría por ella.

-Julia, creo que no deberíamos... -intentó decir el Capitán de los Halcones.
-Hoy mando yo, Tomás, solo yo...

Cogió su varita he hizo aparecer un mullido sofá color celeste. Le empujó hasta él y le sentó. Con asombrosa delicadeza, se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo, deslizándose por sus firmes piernas. Desabrochó con sensualidad su sujetador, dejándolo en el suelo, y bajó sus braguitas a juego, que quedaron inertes bajo sus pies. No creía lo que veía... parecía tan hermosa en aquella situación como la diosa Venus saliendo del mar, ayudada por los Vientos y arropada por la protectora de la Naturaleza. Se acercó a donde estaba Tomás y se sentó, le miró con sus brillantes ojos azules y cogiéndole por la nuca, le acercó, tumbándose los dos en aquel sofá cálido y sorprendentemente cómodo. Él sobre ella.



Carla y Alejandra llegaron a la Zona Común dispuestas a disfrutar lo que les quedaba de domingo, debían celebrar que habían conseguido entrar en el equipo de los Linces. Había sido la mayor hazaña conseguida hasta la fecha por Carla. Lo deseaba tanto... desde primero.
Al entrar en el dormitorio a coger ropa para ducharse, las chicas vieron a Gabriela.

-¡Eh! ¿Cómo os ha ido? -preguntó sin interés.
-¡¡¡Lo hemos conseguido!!! -gritaron las dos.
-¡Carla es Cazadora y yo Guardiana! -le contestó Alejandra con una sonrisa que no le cabía en la cara.
-Claro, no podía ser de otra manera -contestó Gabriela sonriendo.
-¿Cómo? -preguntó Carla que no entendía nada.
-Chicas, ¡Lo vi! ¡Yo lo vi todo! Estaba en vuestras cartas, en las líneas de vuestras manos. Pero no quise deciroslo, porque podría haberos asustado, y podríais no haber llegado a cumplir vuestro destino.

Las chicas estaban alucinadas, con la boca abierta, blancas ante lo que les había dicho Gabriela. "¿Sería verdad lo que acababa de decir?" Ellas sabían de sus dotes para la adivinación, pero aún era alumna... "¿Cómo podía saberlo?".

-Me asustas Gabi -dijo Alejandra saliendo de su asumbro.
-Jajaja no digais eso... ¿acaso no es genial saber que te va a pasar?
-El problema es que tu lo sabes, pero nosotras no -dijo Carla que sin duda tenía unas ganas tremendas de saber qué pasaría con una persona en particular.
-Tranquila Carla... sé por qué lo dices. Tiempo al tiempo, nena... tiempo al tiempo... -respondió Gabriela aún más enigmática que antes.

Carla se puso tan colorada que no volvió a preguntar nada más. Se limitó a guardar silencio mientras Alejandra seguía insistiéndole para que le contara algo sobre ella y su futuro. "¿Será posible, que Gabriela sepa algo sobre mí? ¿Sobre.... Rod..?" Ni se atrevió a seguir pensándolo. "No era posible que lo supiera.... ¿o si?"
Agradeció enormemente que Alejandra cambiara de tema y decidiera ir al bosque a hacer un pic-nic para celebrar su recién nombramiento como Guardiana y Cazadora, así Gabriela dejaría de mirarla como si supiera sus más oscuros secretos.
Las 3 chicas se vistieron tras una ducha reparadora y salieron dirección al bosque con una cesta enorme, que levitaba detrás de ellas a la orden de la varita de Gabriela. Al llegar a un claro lleno de una olorosa hierba verde regada con hermosas margaritas blancas y amarillas, Gabriela paró en seco, y con ella la cesta que se deshizo para montar un enorme mantel de quaffles rojas, en honor a las recién fichadas jugadoras del equipo amarillo. En seguida se llenó de todo lo que traían en la cesta: buñuelos de nata y chocolate, zumo de arándanos que transportaban en grandes jarras cubiertas por un hechizo tapadera, galletas de snitchs con sabor a canela, bizcocho de chocolate....
Mientras comían, charlaban sobre qué harían en su primer partido, que ya sabían que sería contra los Osos. Al parecer, el año enterior éstos casi ganan la Copa de Quidditch, de no ser por Nakor que encontró la snitch justo a tiempo, pues los Osos les iban ganando. Pero al final lograron llevarse el partido y hacer doblete junto con la Copa de la Casa.


En la Zona Común de los Osos, Catalina no sabía qué hacer... si llevar a cabo la misión que le habían encomendado, o simplemente negarse. Aunque sabía que no serviría de nada resistirse, era una orden, debía hacerlo. De vez en cuando, deseaba ser otra persona. Pero ¿qué podía hacer? Ya no tenía remedio, todo había empezado. Estaban dentro, los estaban buscando y no podía hacer nada para evitarlo.... es más tenía que ayudarlos.
Se tumbó en el sofá cerca del fuego y llorando se quedó dormida.


Rodrigo, sentado en una mesa de la biblioteca, pensaba sobre lo que había oido. No podía creer que aquellas chicas hubieran logrado los puestos de Guardiana y Cazadora... aquellas Linces debían ser realmente buenas, porque no se hablaba de otra cosa por los pasillos del Castillo. También llegaron rumores de que fue Julia la elegida por los Halcones para el puesto de Guardiana.... No tenían el mismo puesto dentro de cada equipo... al parecer, comprobaría pronto que tan buena era Carla como Cazadora.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Cualidades ocultas



-¡Hola a todos! -comenzó a decir Ángel, el Capitán del equipo de Quidditch de los Linces, que no tuvo más remedio que realizar un "Sonorus" apuntando a su garganta -bienvenidos chicos. Estamos aquí, como todos sabeis para comenzar con las pruebas para entrar en el equipo de Quidditch de nuestra Casa. Los puestos a ocupar son el de cazador y guardián y pa....
-¿En serio? yo que pensaba que esto era la cocina.... -le dijo Alejandra en el oido a Carla para después guiñarle un ojo. Ambas comenzaron a reirse por lo bajo, tapándose la boca con las manos.
-Solo pido que lo hagáis lo mejor posible y sobre todo, que os lo toméis en serio -hizo hincapié en "toméis en serio" y lanzó una mirada fugaz hacia las Linces, que no podían aguantar más la risa.

Las dos lo miraron e intentaron guardar silencio. El resto de aspirantes las miraron... media docena de Linces posaron los ojos sobre ellas. Se pusieron algo más firmes y le sonrieron. Angel las miró y continuó.

-Para empezar, creo que deberíais calentar un poco... coged vuestras escobas y dad algunas vueltas al campo, después volved aquí y comenzaremos por turnos.... ¡podéis empezar! -terminó soplando un silbato, sañal para comenzar a volar.

Las chicas cogieron sus Cassandra's, las montaron y dando una patada al suelo se elvaron por el aire, recorriendo todo el campo de quidditch. Los chicos se cruzaban entre sí volando en sus escobas.... algunas antiguas como las Barredoras o las Nimbus inglesas de importación, o las Cassandra's y Wicca... algunas más nuevas que otras. Las más nuevas, eran las que tenían Carla y Alejandra: la de la primera, regalada por su padre ante las buenas notas del curso anterior, y la de la segunda comprada en Sanchotello aquel verano.
Dieron varias vueltas subiendo velozmente para despúes caer empicado hacia el suelo.
Tras unos diez minutos, Ángel tocó de nuevo el silbato llamando a los aspirantes. La prueba iba a comenzar.

-¡Genial chicos! lo estáis haciendo muy bien -dijo el Capitán que no les había quitado ojo -ahora, quiero que os pongáis por parejas, uno hara de cazador, y otro de guardián, después cambiareis la posición con vuestro compañero. Y para terminar, como siempre cuento con los demás, el resto de jugadores comprobarán si los elegidos deben entrar en el equipo o no, ¿entendido?
-¡Siii! -contestaron todos.

Todos se pusieron por parejas para comenzar, temblando de nervios. Carla y Alejandra ya estaban al lado una de otra, cogiendo las escobas con fuerza mientras pensaban quién sería la guardiana.

-A mi me da igual ser guardiana o cazadora, Alejandra... -dijo Carla.
-A mi también....
-Vamos, ¡los primeros por favor! -pidió el Capitán.

Una pareja de dos chicos, uno alto y rubio y el otro algo más bajito y pelirrojo dieron un paso al frente, montaron en sus escobas y ocuparon sus puestos. Ángel hizo lo mismo para intervenir como árbitro. Cogió la quaffle y tras un pitido la soltó, lanzándola hacia arriba. En ese instante, el chico rubio voló con rápidez hacía la pelota con su Wicca' 01, pero no lo suficiente, pues la quaffle cayó al suelo haciendo un agujero en la hierba.

-Esta bien... ¡Esta bien! ¡¡Cambio chicos!! -gritó Ángel para que los dos intercambiaran la posición.

Haciendo caso al Capitán, los chicos se cambiaron. Ahora era el pelirrojo el cazador, y el rubio el guardián.

-¡Allá vamos! -sonó de nuevo el silbato.

La quaffle volaba hacia arriba a causa del impulso del musculoso brazo del capitán. El Lince pelirrojo se lanzó con su escoba en busca de la pelota color carmesí. La atrapó cerca del suelo, e intentó agarrarla con fuerza. La metió bajo su brazo y voló hacia los aros que vigilaba el chico rubio. Esquivó una bludger recién liberada por el Capitán y se acercó al aro central.... "¿Derecha o izquierda?" Al final, ninguna de las dos, la tiró al medio, justo sobre el estómago del guardián, que consiguió pararla antes de caer dentro de aro junto con la pelota a la que sujetaba con ambas manos.
Todos se quedaron con al boca abierta.... "Había conseguido parar la quaffle, pero ¡¡Había caído a través del aro que defendía con el balón en las manos.... y estaba sobre el suelo!!"
Ángel corrió hacia él, que parecía no moverse.

-¡Eh! ¿¿Estás bien?? -le preguntó preocupado al chico que acababa de abrir los ojos -creo que no puedes seguir, lo siento....
-Claro... que.... puedo.... -respondió aún atontado.
-No, no puedes.... ¿Alguien puede llevarlo a la enfemería?
-Yo, yo lo llevaré... -dijo el Lince pelirrojo que había lanzado la quaffle.
-Está bien... vuelve pronto... pareces ser un buen candidato para cazador.
-Claro, volveré en seguida.

Los dos chicos se fueron y le tocó el turno a una pareja de un chico moreno delgado y una chica de color con el pelo largo y brillante.
Tras varios intentos y cambiar de posición, el Capitán pudo ver que no eran nada buenos... no pararon ni media quaffle, que en dos ocasiones no llegaron a ningún aro, y en otra fue directa hacia Alejandra que la esquivó por poco.

-Vale, vale.... eso es todo chicos... lo siento -les dijo Ángel sin saber qué más añadir ante aquella actuación -y por último.... vuestro turno.

Alejandra y Carla se miraron, como si no fuera con ellas la cosa.

-Si, vosotras... sois las que quedais... acercaos por favor.

Las chicas se acercaron al Capitán que les indicó tomar posiciones en el aro. Fue Alejandra la primera en ser cazadora.
Carla no tenía ni idea de cómo defender aquellos aros, así que decidió quedarse en el medio de las tres.
Ángel hizo sonar el silbato de nuevo y lanzó la quaffle hacia arriba. Alejandra se precipitó a la búsqueda de la pelota carmesí, la cogió en el aire con cierta dificultad y la lanzó hacía el aro de la derecha. Carla vió las intenciones de su amiga y se tiró a parar su trayectoria. "¡No lo podía creer! ¡¡La había cogido!!"

-¡¡Genial!! ¡¡¡Estupendo!!! -gritaba Ángel que se había quedado con la boca abierta -ha sido fantástico chicas.... No se para qué, pero debéis cambiar de posición.

Las chicas cumplieron y cambiaron, la una a la posición de la otra. Ahora era Carla la que hacía de cazadora.
Una vez más, el Capitán tocó su silbato y lanzó la quaffle.
Sin darle tiempo a más, Carla enfiló su Cassandra's hacia la pelota, y la cogió con magnífica elegancia. Cambió de dirección y de objetivo, que ahora era el aro de la izquierda, esquivó otra bludger lanzada por Ángel, que estaba alucinando y..... "¡¡¡Dentro!!!"
Ángel silbó. La búsqueda había terminado.

-¡¡Creo que ya tenemos cazadora!! -gritaba Ángel asombrado ante lo que acababa de ver -Carla, eres la nueva Cazadora de Los Linces.... creo que el resto del equipo estará de acuerdo....
-¿En serio? ¡No lo puedo creer! -gritaba Carla que se abrazó a Alejandra al bajar de la escoba.
-Si, creo que las dos podríais entrar en el equipo... con algo de entrenamiento, también podrás ser Guardiana -le dijo a Alejandra -por cierto, no se vuestros nombres...
-Yo soy Carla -le dijo estrechándole la mano.
-Y yo, Alejandra -le sonrió.
-Mi nombre es Ángel, soy el Buscador de los Linces -respondió el chico mirando a Carla mientras le sonreía.

Alejandra se sentía algo ignorada, pero no prestó demasiado caso a aquello ya que comenzaron a llegar el resto de jugadores del equipo de los Linces.
Tras presentarse todos, decidieron hacer la última prueba con las nuevas jugadoras a modo de entrenamiento.
El resultado no pudo ser mejor.... al finalizar el entrenamiento, todos estaban de acuerdo con el Capitán de que aquellas chicas eran las idóneas para ocupar los puestos: Alejandra como Guardiana y Carla como Cazadora... "¡¡¡Ya somos parte del equipo!!!"

Mientras, al lado del bosque, los Halcones hacían las pruebas para Guardián. Fue Julia la afortunada que consiguió el puesto....
Llegaría el momento en que ambas tendrían que enfrentarse.....

viernes, 28 de diciembre de 2007

Comienza la Competencia





Al fin era Sábado... Había sido una semana agotadora. Las clases no podían haber sido más difíciles, pero al menos, aquello avisaba de lo que se les venía encima. El año siguiente acabarían la escuela, y tendrían lugar los segundos C.A.P.A. s, que según decían eran increíblemente difíciles. Tendrían que aprovechar al máximo aquel curso si querían aprender lo suficiente como para afrontar con soltura el año que les esperaría después.
Nakor, tumbado en la cama del dormitorio de los Lobos, no dejaba de pensar en aprender los hechizos por los cuales se podían acceder a las zonas prohibidas... le encantaban las "travesuras" como él las llamaba... aunque eran mucho más que eso. Muchas veces se vió al borde de la expulsión, pero sin saber cómo, siempre se salvaba. Y como no, Joel, le acompañaba en su suerte. "Algún día, harás que nos echen.... ¡a ver qué haremos después!" le repetía una y otra vez, pero siempre era el primero que estaba dispuesto a salir por las noches a hurtadillas.
Rodrigo simplemente, pasaba de esos problemas... tenía toda la intención de ser nombrado Encargado a final de curso, en la ceremonia que tenía lugar el día antes de las vacaciones. Por eso, debía mostrar una conducta ejemplar, no como aquellos dos.

Los chicos, aún se sentían algo doloridos por los bolpes de aquellas bludgers, pero ya tenían mejor aspecto, por lo que la Señora Bernia les permitió volver a la Zona Común aquel sábado por la mañana si prometían que guardarían reposo.

Así los Lobos volvieron a la Zona Común temprano, antes del desayuno, con toda la intención de descansar.

-¡Nada de deberes! ¿no es genial? que conste que ha sido por consejo de la Señora Bernia... -decía divertido Nakor.
-Claro, claro... excusas.. -le dijo Joel que se partía de la risa.
-Siempre estais igual... ainsss... -les recriminó Rodrigo que estaba terminando sus deberes de Conocimientos del Mundo No Mágico -lo tengo todo muy atrasado, con esto del "accidente" del entrenador de quidditch -terminó poniendo énfasis con los dedos en la palabra accidente.

Mientras, en la Zona Común de los Linces, Carla, Alejandra y Gabriela, que se habían levantado tarde, arreglaban sus armarios mientras cogían algo de ropa para ir a desayunar.

-¡¡¡Por fin sábado!!!! No me lo creo.... ¡Vaya semanita! -dijo Alejandra.
-Y tanto... ha sido un horror... tengo una pila de deberes tremenda, no se cómo haré para terminarlo todo -se quejaba Gabriela.
-Vamos Gabriela... yo te ayudaré si quieres. Eso si, nos pondremos enseguida, tras el desayuno -dijo Carla que intentaba planificar las horas de estudio, sino, sería imposible llevar adelante el curso.
-Vale -dijeron Alejandra y Gabriela.

Alejandra se puso un pantalón vaquero por la rodilla, con unas botas cortas por el tobillo color chocolate y una camiseta de mangas cortas del mismo color, que ajustaba su figura gracias a un cinturón ancho de color beige. Gabriela se había puesto una falda corta de color verde, con unos zapatos de tacón amarillos, y una camiseta de tirantas y cuello vuelto de color amarillo también.
Carla, optó por un pantalón largo de cintura baja, una camiseta larga de mangas cortas de color rojo unas botas negras altas bajo el pantalón y un cinturon negro a juego.
Una vez vestidas, bajaron al Salón donde todos se arremolinaban en torno a sus mesas que estaban llenas de todo lo que podían imaginar: leche, café, té, zumos de naranja, calabaza y mora, tostadas, tortitas, galletas con forma de snitchs....
Las Linces se sentaron en seguida al ver aquello. Tenían demasiada hambre como para esperar más ante aquellas delicias.
Mientras Carla se comía un tortita con mermelada, Alejandra tomaba algo de té, y Gabriela se echaba miel en su tostada.

-No hay nada mejor que el desayuno, ¿verdad? -les decía Gabriela que miraba su tostada con cara de querer devorarla.
-Ese es tu insaciable apetito, Gabi -dijo burlonamente Alejandra.

Carla intentaba buscar a Rodrigo entre las cabezas de los Lobos, pero era misión imposible, no le veía. En ese momento, la Directora se levantó de su asiento en la mesa de los profesores.

-¡Atención por favor! ¡Atención! -comenzó a decir la Directora Almaraz.

En un segundo, todos guardaron silencio para escuchar lo que la directora tenía que decir.

-Gracias.... como habréis podido observar -continuó -hasta la fecha no han dado comienzo ni la Competición de las Casas, ni la los Partidos de Quidditch, ni los famosos Juegos Mágicos que tienen lugar cada año con el fin de promover la competitividad entre las casas, que no la competencia, y que tiene como meta proclamar vencedora a una de las Casas entre las demás.
Los profesores y yo, habíamos acordado aplazarlos a causa de que, para empezar, la primera semana de clases que es agotadora, por lo que entendimos que debíamos dejarla de adaptación. Otra causa es que los equipos de Quidditch aún no están completos, ya que algunos alumnos que ocupaban los antiguos cargos de jugadores dentro del equipo, terminaron séptimo curso, por lo que no se encuentran ya con nosotros.
Con esto quiero decir, que a partir de mañana tendrán lugar las pruebas de selección de jugadores para las cinco casas. Todo aquel que quiera presentarse, deberá dirigirse al Encargado de su Casa, que se lo comunicará tanto al Jefe de la Casa como al Capitán del equipo.
No hay que decir, que el elegido se comprometerá con su equipo durante todo el año, por lo que debo insistir en que debe pensarlo bien. Creo, que no tengo nada más que decir por el momento... muchas gracias a todos, y disfruten del desayuno.

Un aplauso acompañó a la Directora mientras se sentaba tras decir sus palabras, que al parecer, había cogido a todos de sorpresa. Todos estaban emocionados ante aquello... "¡podían pertenecer al equipo de quidditch!"
Los Lobos estaban eufóricos ante la posibilidad de volver a ganar La Copa de la Casa y la Copa de Quidditch. El año anterior habían conseguido doblete. Rodrigo, Nakor y Joel se frotaban las manos.
Mientras, las Linces no sabían qué hacer.

-¿¿¿Quidditch??? ¡Por Cassandra! ¡¡Es fantástico!! Me encantaría ser golpeadora -dijo Alejandra.
-Pues a mi el Quidditch no me interesa -dijo Gabriela indiferente.
-A mi nunca se me pasó por la cabeza, la verdad -contestó Carla, que parecía estar pensándose si presentarse a las pruebas.
-Vamos Carla, ¡Anímate! Iremos las dos a las pruebas ¿quieres?
-Emmm... pues no se... ¡qué demonios! ¿por qué no? creo que me presentaré... a mi me encanta volar... y el Quidditch es mi pasión... podría intentarlo, al fin y al cabo, el "no" ya lo tenemos ¿verdad? -expuso Carla convenciéndose, pues su verdadera razón a parte de su gusto por el deporte, era ver más tiempo a Rodrigo, y aquella era una oportunidad excepcional.
-¡Asi se habla Carla! -respondió Alejandra que estaba feliz.

En la mesa de los Halcones, Julia estaba decidida a hacer lo mismo. Se presentaría a la prueba del equipo de los Halcones "¿Por qué no?"

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Una Luz en el camino


Entró en la Zona Común con el corazón a mil, como si siguiera el galope de un unicornio, de aquellos que habitaban al lado del lago termal. Dejó su capa y la varita sobre una silla y se sentó en el sofá, nerviosa y sin atreverse a pronunciar palabra. Aquello había sido demasiado....
Cuanto más pensaba, más nerviosa se sentía. Se tumbó en el sofa, con los brazos tapando sus ojos mientras oía cómo la chimenea agotaba sus últimos chasquidos antes de desaparecer su calor. Con los ojos cerrados, pensaba... pensaba en todo lo ocurrido en la enfermería "¿Cómo me atreví a hacer aquello?" La respuesta no aparecía.... en lugar de eso, su estómago volvió a estremecerse, y un calor extraño recorrió todo su cuerpo.
Miró hacia la chimenea, mientras se preguntaba cómo actuaría la próxima vez que le viera, con más gente. Eso ni ella lo sabía. Se levantó del sofá, cogió la capa y la varita y se dirigió hacia su dormitorio, subiendo las escaleras. Cada escalón merecía más esfuerzo del habitual, estaba demasiado cansada.... demasiadas emociones para un solo día.
Abrió la puerta de su dormitorio con cuidado y se acercó a su cama sin despertar a Gabriela, la única que dormía allí en aquel momento. Se metió en la cama, de sábanas frías, e intentó dormir. Pensando en lo ocurrido se quedó dormida.
Mientras, Rodrigo no podía pegar ojo. No podía entender por qué Carla había hecho aquello... "Me besó", pensaba mientras recordaba aquel beso. Se tocó los labios con el dedo mientras pasaba su lengua por ellos, intentando saborear la sensación de los labios de Carla....

-¡¡No puede ser!!! -gritó Rodri en medio de la enfermería más alto de lo que pretendía para despúes taparse la boca con las manos.

Los tres chicos de las camas de al lado, se agitaron ante el ruido, pero no despertaron. Rodrigo los miró mientras soltaba un suspiro de alivio "casi...."
Cerró los ojos, intentando dormir, pero no podía. Aquello fue demasiado fuerte, la amiga de Julia le había besado "¿Por qué lo hizo?" se preguntaba. Se quedó dormido.

A la mañana siguiente, Alejandra ya estaba dispuesta a asistir a clases, su dedo estaba completamente curado gracias a las pociones y los cuidados de la Señora Bernia. Cuando se levantaron, fueron directas al Salón para desayunar antes de entrar en las clases.

-Menos mal que ya estás bien, Ale -dijo Gabriela mirándola.
-¡Te quedó perfecto! -bromeaba Carla mirando su dedo.
-¿Qué crees? ¿que me quedaría siempre morado y sangrando? -respondió Alejandra divertida.
-Tontaaaa -se burlaba Carla.
-Ya veg, eg que nog teniag preocupadag -dijo Gabriela llenándose la boca con media tostada untada con mermelada de frambuesas.
-Comed rápido, ¡¡llegamos tarde!! -apremió Carla que se había terminado su tostada con miel y se estaba bebiendo un té con leche casi de un sorbo.
-Carla, ¡relájate un momento, mujer! -le dijo Alejandra que ya había terminado de desayunar.
-Vamos, vamos.... -Carla se levantó, cogió su mochila de la que salía medio pergamino, y se dirigió hacia la puerta del Salón segida de Alejandra y Gabriela.

Historia de la Magia, Pociones, Transformaciones, Filosofía Magica y Adivinación. En está última, Alejandra y Carla volvieron a soportar las indirectas de Gabriela que ahora estudiaba las cartas de tarot, mientras se las echaba a las chicas.

-¡Uysss si...! aquí veo algo.... la suerte... la suerte está de tu lado, Alejandra -le dijo a la chica.
-¿¿La suerte?? ¿qué suerte? -preguntó.
-La que necesitarás más adelante...
-Emmm.... me estás rayando Gabi -respondió Alejandra que no entendía nada.
-No te puedo decir más que... sigue con tu intención de conseguir lo que quieres, que lo lograrás.
-Me asustas, Gabriela.... -respondió con los ojos muy abiertos mirando las cartas puestas sobre el tapete en la mesa de camilla.

Gabriela se reía a carcajadas.... disfrutaba con aquella asignatura, se le daba de maravilla adivinar. Ni las cartas, ni las líneas de la mano, ni los posos de té tenían secretos para ella.

-A ver, ahora cambiad de pareja -dijo el profesor.
-Te toca Carla -dijo Gabriela que sonreía maliciosamente.
-Que miedo me das, Gabi.
-De eso nada, nena.... vamos, déjame ver qué tenemos aquí.... -le dijo barajando las cartas -vamos, corta por donde quieras.
-Pues... por aquí mismo... -cortó en dos la baraja, dejando un montón algo más grande que otro.
-Ahora viene lo mejor.... -cogió las dos partes y las unió, poniendo seis cartas sobre la mesa, seguidas verticalmente, mientras ponía otras tres encima de ellas en horizontal.
-¿Qué ves? -preguntó con miedo a que Gabriela pudiera ver lo que había hecho la noche anterior.
-Pues.... ¿pero qué... es... esto? -preguntó al ver una carta a al que señalaba.
-¿¿¿El qué???
- El Amor, esta es la carta del Amor Verdadero, Carla -dijo enseñándole una carta donde se veian a un hombre, y una mujer, caminando el uno hacia el otro y unidos por un gran lazo dorado acabado en rosas rojas -y hay más.... le encontrarás el día en que la Estrella sea buscada por la Luz.

Carla no podía creer lo que estaba oyendo, "¿Aquella era su amiga Gabriela? Parecía una verdadera adivina.... ¿Era aquella su primera profecía?"

-¿Quién es Gabriela? -preguntó Carla quitándole importancia al asunto, aunque en realidad estaba demasiado interesada.... "¿Sería Rodrigo?"
-Vamos, chicos, la clase ha terminado.... ¡Recogedlo todo! cada cosa en su lugar -aunció el profesor.
-¡¡¡¡No puede ser!!!! -soltó Carla, que al parecer, se quedaría con las ganas de saber más.

Tras la clase de Adivinación, se dirigieron al Salón para almorzar. Carla se econtró con Julia por los pasillos de la entrada, que la saludó efusivamente.

-¡¡Hola Carla!! ¿cómo vas?
-¡¡¡Hola Julia!!! bien ¿y tu? -preguntó Carla con una sonrisa.
-Bien nena, muy bien.... acabo de tener Cuidado de Criaturas Mágicas.... buffff que rollo esas Saxems...
-Uys si, a Alejandra le picó una... malditas hadas endemoniadas -contestó Carla recordando el día anterior. Se le vino a la mente lo de Rodrigo, y comenzó a buscarlo por toda la mesa de los Lobos.
-¿Qué te pasa Carla?
-Nada, nada Julia.... este... nos vemos después, voy a comer, que estoy muerta de hambre -dijo sin distraerse en su búsqueda.
-Vale mi niña, nos vemos después -se fue a su mesa a comer.

Carla se dirigió a su mesa, dodne Gabriela y Alejandra, ya estaban comiendo. Se sentó, cogió un plato con carne en salsa y patatas pochas, un poco de ensalada y un vaso de zumo de arándanos. Entretanto, siguió buscando a Rodrigo entre los Lobos...."¿Seré tonta? seguirá en la enfermería..." Aquel pensamiento le revolvió el estómago.... "Seguirá enfermo... pobre..."
Tras el almuerzo, Alejandra le dijo a las chicas que debía pasar de nuevo por la enfermería para recoger una poción que debía tomar durante dos días mas, y a Carla se le cambió la cara.... ella iría estaba claro.

-Vamos todas entonces, Ale, te acompañamos -terminó diciendo Gabriela.

Doblaron la esquina donde estaba la escultura de la gran Melisana, ya estaban cerca. La puerta apareció delante de ellas. Alejandra abrió la puerta, y entró seguida por Gabriela y Carla, que estaba demasiado colorada como para pasar inadvertida.

-Pasad, pasad chicas -les dijo la Señora Bernia, que al parecer las estaba esperando.
-Señora, vengo por la poción que me indicó contra las Saxems -dijo Alejandra, que se había adelantado hasta donde estaba la enfermera.
-Claro, un segundo, voy a buscarla, ya vuelvo -respondió con una sonrisa.

Por un instante, Alejandra miró a Nakor, y Carla a Rodrigo, que no había dicho ni media palabra al ver a las chicas.

-Hola... -dijo Nakor al sentir la mirada de Alejandra.
-Hola -respondió con una sonrisa -¿estais mejor?
-No demasiado... pero nos estamos recuperando... -le dijo Nakor con cara picara.

Alejandra se ruborizó al ver la cara de aquel chico.... que no parecía estar pensando nada bueno.
Carla, por su parte, no miraba a Rodrigo "¿Y si lo sabe?" Estaba de los nervios.

-Hola Carla... -dijo el chico al ver lo esquiva que estaba.
-Ho..hola... hola Rodrigo -respondió poniéndose aún más colorada.
-¿Cómo estás? -preguntó el chico.
-Creo que debería preguntartelo yo a ti, ¿no?.... ¿estás mejor?
-Algo... si, algo mejor... lo cierto es que nos dejó bien jodidos el tio ese
-Es un maldito cabrón... -dijo Carla que estaba indignada ante los hechos.
-Si que lo es... -le respondió con una sonrisa -pero tendrá que responder ante esto... no se quedará asi la cosa...
-Debes ir ante la directora, Rodrigo...
-Ella debe saberlo ya.

Alejandra avisó a las chicas de que ya tenía su poción y que podían irse. Carla se despidió de Rodrigo, algo cortada y salieron dirección a su Zona Común. Al llegar, las chicas se quitaron los zapatos y se acercaron al fuego, sentándose en el sofá.

-Estoy cansadísima joder.... -se quejó Alejandra.
-Yo también estoy muerta -agregó Gabriela.
-Pues vayámonos a dormir, chicas -concluyó Carla, que había cogido los zapatos para subir al dormitorio.

Mientras las Linces se dirigían al dormitorio, los Lobos aún no se dormían en la enfermería. No podían... Rodrigo no dejaba de pensar en lo de Carla.... "Es simpática, y es fácil hablar con ella.... y tampoco es fea...." Su cabeza era un lio.... "Pero Julia.... ella es lo mas hermoso que he visto jamás...."