martes, 15 de enero de 2008

Sábado de relajación




Al fin sábado. Una semana agotadora, otra más. Se estaba convirtiendo en costumbre: cada fin de semana más deberes, más apuntes para estudiar, más trabajo en las clases. Y todo se les amontonaba ya.
Tras una pila de libros, apuntes y pergaminos inservibles estaban Alejandra, Gabriela y Carla ultimando los deberes de toda la semana.

-¡Acabé! Menos mal, porque ya no puedo más.... me duele la espalda -le dijo Carla a las chicas que estaban sentadas junto a ella en la mesa de la Zona Común donde acostumbraban a hacer los deberes.
-Ni yo... Estoy muerta. Ya los terminaré mañana -respondió Alejandra cerrando "Mil Pociones y sus Antídotos".
-Vamos, ánimo chicas... ¡Al menos así tendremos el fin de semana libre! -gritó Gabriela ante la idea de disfrutar de los dos días que les quedaban por delante.

Las chicas recogieron todo: libros, pergaminos, apuntes, plumas y tinteros y llevaron las mochilas al dormitorio. Alejandra se desperezó sentada de nuevo en una de las sillas de la mesa en la que habían estado antes mientras Gabriela avivaba el fuego.

-Creo que podríamos hacer algo hoy ¿no? -les propuso Alejandra.
-¡Eso! el día no está mal y podemos aprovechar ya que lo hemos terminado todo -dijo Gabriela.
-¿Pero a dónde vamos? -les preguntó Carla.
-¿Qué tal al bosque a merendar?
-No... ya hicimos un picnic... ¡algo nuevo! -dijo Carla.
-¿Qué os parece si vamos al lago termal a darnos un baño? Allí no hace frío.... a parte del calor que desprende el lago, dicen que hace más de mil años, un mago protegió el lugar con un hechizo de calor permanente. Así que podemos pasar allí todo el tiempo que queramos, ni siquiera de noche hace frío en sus alrededores.
-¡¡Estupendo!! -soltó Carla que le apetecía muchísimo un baño caliente de aguas subterráneas, y más aún ante su recién estrenado dolor de espalda.
-¡¡¡Genial!!! -gritó Alejandra que también apoyaba la idea de relajarse allí.
-Pues entonces ¡adelante! Preparémoslo todo y en marcha.

Las tres prepararon una mochila con comida, toallas, poción bronceadora y ropa limpia por si acaso. Aunque era casi invierno, allí arriba, el sol aparecía con fuerza y era preferible estar preparadas antes que quemarse a causa de no llevar protector solar. No se olvidaron de coger las varitas, claro.

-¿Todo está listo ya? ¿podemos irnos? -les preguntó Gabriela, que parecía la encargada de un grupo de Boy Scouts.
-Si Gabi, todo está ya, podemos irnos... -les dijeron las dos.

Salieron de la Zona Común en dirección al bosque. Estaban emocionadas. Hacía tiempo que habían escuchado sobre el lago termal, pero nunca habían ido... ¿Lo encontrarían? Con Gabriela guiándolas, seguro.

En la bibioteca, Nakor buscaba información sobre algunos ingredientes para la Poción Revividora. No estaba resultando fácil porque al parecer, el libro en el que se encotraba la información había sido pedido por una Lince.

-¡Chicas....! -dijo en un susurro cuando se lo comunicó Alexia, la encargada de la biblioteca.

Decidió comenzar por otra asignatura: Transformaciones. Sacó su tintero, una pluma vieja y un trozo de pergamino dejándolos en la mesa mientras buscaba "Transformaciones de Animales Complejos". Iba buscando la estantería T.5-B cuando vió a Catalina sola, llorando. Se acercó sin saber si era buena idea, pero no podía ver llorar a nadie, tenía que hacer algo.

-Hola.... eres Catalina ¿verdad?
-Ho... hola... si, si, soy Catalina. Y tu... Nakor ¿no? -le dijo la chica.
-Si. ¿Qué te pasa? ¿por qué lloras?
-Ohh... no te preocupes, es algo sin importancia... algunos problemas. No pasa nada -le dijo intentando sonreir.
-Puedes contármelos si quieres.
-Te aburriría, además ya se me pasó -dijo Catalina restando importancia.
-Está bien, está bien... si no quieres contármelo, no insistiré. Pero al menos podemos tomar algo juntos y charlar un rato ¿te parece? -le preguntó Nakor.

A Catalina se le iluminó la cara. Nakor le gustaba desde el año anterior y la propuesta del chico le había tomado por sorpresa, pero le encantaba la idea.
Los dos recogieron sus cosas y salieron en dirección a la cocina. Nakor entró y al cabo de cinco minutos, salió con dos botellas de zumo de naranja, varios profiteroles de crema, mermelada y un mantel blanco con con varitas dibujadas entrelazadas con el emblema de la escuela.

-Podemos ir al jardín ¿te parece? -propuso Nakor.
-Me parece estupendo -contestó Catalina.

Fueron caminando despacio por los pasillos mientras hablaban de todo, reían y seguían hablando. Llegaron al jardín, y mientras Nakor extendía el mantel, Catalina le miraba sin creerse que estuviera pasando, que fuera verdad.

-Ya puedes sentarte -le dijo el chico mientras le aguantaba a Catalina las botellas de zumo.
-Gracias... ¡pero siéntate tu también hombre!
-Claro, claro. Ahora mismo... -dijo Nakor sonriendo.

Se pasaron toda la tarde hablando sobre ellos. Sobre las clases, sus equipos favoritos de quidditch y su opinión sobre las Casas. Catalina acabó encantada ante la primera tarde que había pasado con Nakor. Era un cielo. A pesar de todo lo que había oído de él: de sus andanzas.... a ella, esa faceta de "chico malo" le encantaba, le atraía demasiado. Por eso se había quedado impresionada ante la otra cara del Lobo: su cara dulce. Había descubierto que Nakor era especial y que en sus dos sentidos le gustaba.

Rodrigo por su parte, había decidido salir a tomar el aire. Sus amigos no le acompañaban esta vez. Joel había decidido quedarse en la Zona Común jugando a los gobstones explosivos. Y Nakor... no tenía ni idea de dónde estaba, no lo había visto en toda la tarde después de levantarse de una reconfortante siesta. Gracias a Morgana y a su esfuerzo claro, había terminado de hacer todos los deberes atrasados. Podría dedicarse todo el fin de semana a entrenar, a leer, a salir a los terrenos... a lo que quisiera.
Andaba entre los árboles del bosque, sin saber muy bien a dónde iba. Sus piernas le llevaban. Le dirigían. Matorrales, arena, hierba demasiado crecida.... todo pasaba ante sus ojos: "Ya sé a dónde voy" pensaba. Más árboles y de repente....

-¡¡¡Chicas por Melisana dejad de salpicar!!! -gritaba Gabriela.
-¡Gabi, no seas aguafiestas! -le dijó Alejandra mientras le echaba agua con las dos manos.
-Está bien, yo paso.... además, este lugar es para relajarse, no para montar lios ni hacer ahogadillas a los demás -asintió Carla que había decidido cerrar los ojos y disfrutar.
-Bueeeeno, está bien -accedió Alejandra que hizo lo mismo.

Desde detrás de un árbol Rodrigo miraba el espectáculo. Hacía un año que no se acercaba al lago termal. Ya no recordaba la sensación de nadar desnudo en sus calientes aguas a la luz de la luna. Lo extrañaba.
Pero ahora era distinto. Era de día y allí estaban ellas. Las Linces... y Carla. Su corazón se aceleró por un instante al nombrarla en sus pensamientos. La miró mientras salía del lago recogiéndose el pelo en un moño con la varita. Era guapa "¿para qué negarlo?". Su cuerpo grácil, delgado, elegante, bien formado.... su pelo oscuro y largo por la cintura mojado: las gotas caían sobre sus muslos, sus piernas, su espalda y resbalaban dejando su piel brillante por donde pasaban.
A rodrigo se le iban los ojos detrás de ellas, recorriendo cada centímetro de la piel que dejaban mojada. El corazón se le aceleró aún más.
Carla cogió una toalla y se tumbó en la arena del borde del lago, y se puso algo de poción bronceadora mientras se quitaba las tirantas de la parte superior de su bikini amarillo.
Un escalofrío recorrió la espalda del Lobo y en su estómago comenzó a notar unos cosquilleos que no había sentido nunca. No podía dejar de mirarla, de recorrer su cuerpo, de fijarse en cómo sus mejillas comenzaban a volverse rojas a causa del sol.... a distancia podía ver todo eso. Sus pupilas estaban tan dilatadas como las de un gato que acecha para caer sobre su presa. Se mordió el labio cuando sus ojos se posaron en las curvas de la Lince: tan sensuales y a la vez delicadas.
Comenzó a sentir calor mientras se sonrojaba. "¿Es posible que sienta esto por Carla?" se preguntaba. "¿Qué es lo que siento?" Ni él lo sabía.... Estaba confuso, pero aún así no podía irse antes de hablar con ella. Debía poner en orden sus pensamientos: "¿Qué pasa con Julia?". Justo se había dado cuenta que ya a penas pensaba en ella.

sábado, 12 de enero de 2008

Confesiones de media noche en la Zona Común



Ya eran las doce. Gabriela, Alejandra y Carla estaban en el dormitorio, tenían puestos sus pijamas y se habían tapado con las mantas. Carla puso uno de los grandes cojines amarillos que habitualmente estaban en su cama tras su espalda para dejarse caer. Alejandra estaba sentada y Gabriela, había decidido ir a por su bata, tenía algo de frío.

-¿Bueno qué? ¿Empezamos? -les dijo Alejandra algo ansiosa.
-Por mi está bien, ya me he puesto cómoda -le soltó Carla.
-Yo también estoy lista -dijo Gabriela que se había metido con la bata en la cama y se tapaba incluso los brazos.
-A ver ¿quién empieza? -dijo Alejandra para romper el hielo.
-Un segundo, antes, tengo que decir algo. Si alguna no quiere contestar alguna pregunta de las que hagamos, está en su derecho de callarsela -aclaró Carla, que no estaba muy segura de que el juego fuera a gustarle tanto como antes.
-Está bien Carla, entonces, empezaré yo -dijo Gabriela valiente.
-Muy bien Gabi... a ver, dinos algo: algo que no sepamos -pidió Alejandra.
-Bien. Pues... para empezar, deciros que me ha encantado que este año nos tocara juntas en el mismo dormitorio. Para mi ha sido genial, lo estaba deseando desde primero. Sois mis mejores amigas y os quiero muchísimo. No se cómo acabaremos este curso, pero lo que si se es que me encantaría que el año que viene estemos las tres juntas de nuevo en este mismo dormitorio...
-Y a nosotras... pero a ver, cuéntanos algo sobre tu vida amorosa... ¿tienes a alguien en mente? -preguntó Carla, que al parecer le interesaba sobremanera ese tema.
-No es muy interesante, la verdad. Salí con un chico que se llamaba Salvador con doce años. Pero no fue nada serio, éramos muy pequeños. Aunque ha habido alguien que si me gustaba de verdad. Se llamaba Miguel, y era ayudante de mi padre. Desde que dejé a Salvador estuve enamorada de él. Me encantaba. Era alto, moreno y con los ojos color miel. El problema es que tenía diez años más que yo. El año pasado, me enteré de que se había casado y se fue a vivir a Tenerife. Así que no lo he vuelto a ver desde entonces. No se qué habrá sido de él. Espero que sea feliz.
-Joder Gabi, no tenía ni idea -le dijo Carla sorprendida ante las revelaciones de Gabriela -pero entonces ahora ¿no te gusta nadie? ¿aunque solo sea un poquito?

Carla lo estaba haciendo a propósito, queria saber si a alguna de sus amigas le gustaba Rodrigo, "su Lobo" como le decía cuando estaba a solas, nunca pronunciándolo en alto.

-Pues.... la verdad es que....
-¿Qué? ¿hay alguien? -preguntó Alejandra que también quería saber.
-Digamos que.... si -terminó en un susurro.
-¡¡AHHHH!! -gritaron las otras dos, por motivos diferentes: Alejandra quería saber para averiguar si lo conocía, Carla, para saber si era Rodrigo. Las dos saltaron de sus camas y fueron a la de Gabriela -¡¡Cuenta, cuenta!!
-¡Chicas, chicas! Tranquilas, os lo contaré todo... a ver, el chico que me gusta es... Andrés, un Delfín -terminó poniéndose ligeramente colorada.
-¿El chico del otro día? ¿El del Patronus? -le preguntó Alejandra asombrada, pues solo lo había visto esa vez delante de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-Si, el mismo.
-¡Genial! Me pareció interesante... me gusta para ti Gabi -le dijo Alejandra guiñándole un ojo a una Gabriela más colorada que antes.
-Bueno, yo ya lo conté todo... ahora le toca a Alejandra.

Alejandra estaba muy dispuesta a escuchar a la demás, pero no demasiado a hablar de ella.

-¿Qué quereis que os diga?
-Tus amoríos... ¿Qué más? -le dijo Gabriela no tan interesada como Carla, daba la impresión de que lo sabía, sabía todo.
-Pues... es simple. Solo he tenido un novio se llama Tomás, y es de los Halcones.
-¿¿Tomás?? ¿Ese chico rubio de ojos claros que es capitán del equipo de quidditch de los Halcones? -le dijo Carla sorprendida.
-El mismo -contestó Alejandra.
-¡No tenía ni idea! ¡¡Que bien guardado te lo tenías petarda!! -le reprochó Gabriela guiñándole un ojo.
-¿Y cómo que no sabíamos nada? Nadie se ha dado cuenta de eso... -preguntó Carla que no entendía nada.
-Lo mantuvimos en secreto.
-¿Por qué? -Carla cada vez entendía menos.
-Al parecer, él tenía novia. Una Oso a la que ya no quería, algo celosa y a la que no sabía cómo dejar. Supongo que yo fui su motivo -terminó Alejandra a la que le calleron dos lágrimas por las mejillas.

Las chicas estaba atónitas, no sabían qué decirle, cómo consolarla. La abrazaron.

-¿Aún le quieres? -le preguntó Carla.
-Tanto como querer, no. Pero aún siento algo por él. No se cómo describirlo.
-No hace falta cielo -le dijo Gabriela acariciándole la espalda.
-Pero bueno, aún me falta otra cosa -les dijo intentando sonreir -... siempre me ha gustado un amigo muggle, Valentín, desde que tengo uso de razón. Le confesé que me gustaba, pero el día anterior había empezado a salir con una chica de la que al parecer estaba enamorado desde hacía tiempo. Lo dejé por imposible. Corté la amistad, me hacía daño verle cómo él quería: no podía sentirle como un amigo, para mi era mucho más.
-Bueno, bueno... ¡Ya basta! Mejor dinos si tienes alguien en el punto de mira -le preguntó Gabriela dándole un codazo mientras reía.
-Lo cierto es... que hay alguien que me encanta...
-¿¿QUIÉN?? -preguntaron las dos a la vez.
-Un Lobo...

Carla cerró los ojos, y el corazón se le disparó. A penas podía respirar.

-¿Qué Lobo? -preguntó sin saber si quería conocer la respuesta.
-Es... Nakor -Alejandra se puso tan colorada, que no sabía cómo abanicarse.
-¡Nakor! ¡¡Es genial!! -gritó Carla -Cuenta, cuenta...
-Pues... solo le he visto un par de veces. Sobre todo en la enfermería el día de la Saxem. Pero me parece que es muy guapo, valiente y arriesgado.
-¿Te refieres a sus andanzas por la noche? Son conocidas por todos en el Castillo... raro es que no le hayan expulsado ya -terminó Gabriela negando con la cabeza.
-A mi me encanta... -le calló Alejandra.
-Está bien, esta bien... pero te meterás en problemas por él, ya estás avisada.

"¿Otra profecía de la Gran Gabriela?" Alejandra la miró asustada, pero le daba igual. Por Nakor merecía la pena correr algunos riesgos.

-Pues... ya solo quedas tú Carla -sentenció Gabriela, tan acostumbrada a las caras de Alejandra que ni cuenta le echó.
-¿Yo? No creo que os interese mi....
-¡¡Claro que si!! ¡Nos interesa! -gritó Alejandra que estaba dispuesta a que hablara, pues ella lo había hecho.
-Está bien, está bien... os lo contaré todo. Pero después no quiero que digais "que pena la pobre Carla" -aún se pensaba si decirles la verdad o no... terminó por aceptar que lo mejor era contar la verdad, de todas formas, Gabriela lo sabía seguro.
-Venga, cuenta -achuchó Alejandra que estaba algo más tranquila ante la posibilidad de que Carla les contara qué le había estado atormentando todos estos días.
-A ver... mi vida amorosa no ha sido ningún camino de rosas. Es más, creo que nunca he estado realmente enamorada, o si lo he estado, se han encargado de destruir mis sueños de la manera más ruín.

Alejandra se sentó derecha en la cama y se apoyó sobre el mural de los pies de la cama, agarrándose las piernas con las manos. Gabriela no se apartó del lado de Carla, sabía que sería duro para ella.

-He tenido varios novios. El primero, era un imbécil, pero no me di cuenta hasta que terminamos. Para mi no era lo que se dice guapo... es más, no se por qué empezamos a salir. Quizás por las ganas de tener un novio, de no ser la única que nunca había salido con alguien. Y por experiencia digo, que no se debe tener prisa en este tema. Cada cosa viene a su tiempo. Salimos un mes solo. Era moreno, con los ojos negros y con aparatos en los dientes. Los de la pandilla del barrio se reían de mi por besarle, y eran mis primeros besos. Eso me marcó. Él cortó conmigo, sin darme un por qué. Solo después lo supe. Estaba enamorado de una amiga mia.
-Joder nena, lo siento -le dijo Alejandra que se había puesto la mano en su boca abierta.
-No pasa nada... pero claro, al ser el primer amor lo recordaré para siempre. Después vino Sergio. A él si que le quería. Era rubio, alto, ojos miel.... Me encantaba. Aunque creo que él nunca me quiso. Dos meses, dos en los que cada día pensaba en él hasta que nos veíamos. El problema fue que nunca le besé.
-¿¿Cómo?? ¿Nunca le besaste? -preguntó Gabriela sin creérselo.
-Nunca. Me daba vergüenza, siempre estabamos con los demás pendientes de nosotros. Y después de las risas con mi anterior novio, no me atrevía. Supongo que él se cansó, además ya estaba mi "amiga" para consolarlo -dijo Carla haciendo hincapié en la palabra amiga con los dedos -La muy asquerosa, iba a buscarlo cuando yo no estaba y a saber lo que harían... ¿para qué iba a estar conmigo entonces?
-Yo simplemente, no lo puedo creer... -decía Alejandra que estaba blanca y aún no había cerrado la boca.
-Ella se encargó además de decidir cúal sería mi siguiente novio. Pero no lo permití. Ahí decidí dejarlo todo. Pasar de todos ellos. Y tras un par de meses, volví al Castillo y vi por primera vez a Arturo, el profesor de Alquimia en cuarto.
-¿¿Arturo?? ¿¿te gustaba Arturo?? -dijeron las dos a la vez.
-Si. Yo intentaba disimularlo, pero él siempre me decía que me quedara después de clases, a petición mía porque necesitaba que me explicara las cosas varias veces, soy muy lenta en Alquimia. Y a penas podía disimularlo. Creo que más de una vez se dió cuenta de lo que pasaba, pero se hacía el desentendido. Nos llevabamos bien, pero de nuevo una chica, esta vez de los Osos a la que yo consideraba mi amiga se encargó de decirle que me gustaba. Así que decidió irse del Castillo para evitar tentaciones, como al parecer le dijo a la profesora de Pociones. Alquiló un pisito en Sanchotello. Todo lo escuchó Julia con unas orejas extensibles... y ella me lo contó.
-Joder, es increíble todo eso... -decía Alejandra que no se lo podía creer.
-Eso ya pasó gracias a Casandra... -le dijo Carla sonriendo, ya no le dolía. Había aprendido a forjarse su coraza para que nada le afectara. Pero con Rodrigo se desarmaba, se sentía desnuda. Nada de lo que hiciera le protegía de él, de su mirada del color del mar.
-Bueno, ahora solo queda que nos confieses quién te gusta ahora -le dijo Gabriela tan segura de si misma que Alejandra y Carla la miraron asombradas.
-¿Cómo sabes....? Bueno, no me respondas, creo que Ale y yo ya lo sabemos... Pues si, hay alguien...
-¿De verdad? ¿Quién? -preguntó Alejandra que estaba perdida completamente.
- Es otro Lobo... es... Rodrigo -al decirlo se tapó la boca con las manos.
-¿¿¿Rodrigo??? ¿El amigo de Nakor?
-El mismo, el Guardían de los Lobos....

Después de las confesiones, las tres se dieron un abrazo. Un nuevo vínculo había nacido entre ellas. Ahora se sentía más cercanas que nunca, como hermanas. Tras unos minutos se metieron en sus camas y se quedaron dormidas, sin el peso de tener que llevar solas esos secretos que las atormentaban demasiado. A partir de esta noche, lo compartirían todo.

jueves, 10 de enero de 2008

En busca de la verdad





Tras el almuerzo, los chicos de las diferentes Casas tenían tiempo libre para ir a las Zonas Comunes antes de regresar a las clases: Transformaciones y Cuidado de Criaturas Mágicas.
Las Linces tuvieron que transformar un tintero en una ardilla, algo nada fácil a decir verdad, pero lo consiguieron las tres. Se libraron del trabajo acerca de la Transformación Básica que impuso el profesor al resto de la clase.
Salieron de allí con una sonrisa, pues tendrían un rato de descanso después de las clases.
Le tocó el turno a Cuidado de Criaturas Mágicas, en la que debían dibujar a un gnomo. Fue algo más difícil que la transformación de la clase anterior, porque eran muy escurridizos... no les gustaba estar al aire libre, siempre se escondían bajo tierra o en los jardines de la escuela. Al dar por concluida la clase, la profesora no dejó deberes para la próxima clase, ya que todos entregaron sus dibujos mejor o peor hechos, pero entregados al fin. Se despidieron de ella y partieron hacia la Zona Común.

-Menos mal... acabamos las clases por hoy -dijo Alejandra que se sentía agotada.
-Pero tenemos entrenamiento de quidditch, no lo olvides Ale -recordó Carla.
-Joder ¡es verdad! con lo cansada que estoy hoy....
-Ya os dije que era duro chicas, yo por eso no me apunté -sentenció Gabriela, que se reía ante las ganas de llorar de Alejandra.
-Vamos, vamos.. no es para tanto Ale. Solo es una hora, y despúes tendremos el resto de la tarde para hacer algo....
-¿Qué os parece si a la noche hacemos una sesión de confesiones en el dormitorio? ¡como el año pasado! -dijo Gabriela animada ante la idea.
-Como si te hiciera falta Gabi -le dijo riendo Alejandra.
-Venga.... ¡Hagámoslo! ¡Será divertido! Además, tendreis la oportunidad de sacarme información.... vosotras sabreis -terminó Gabriela cerrando los ojos.
-Es muy tentador.... venga, vale acepto -dijo Alejandra.
-Yo... no creo que eso sea... es un juego de crías -dijo Carla intentando hacerse la mayor, pero la verdad era que tenía pánico a que sus amigas descubrieran lo de Rodrigo.
-¡Venga ya! ¡No seas tonta, Carla! Nos divertiremos un rato... di que si, anda -intentó convencerle Alejandra.
-Bueno, vale. Después de cenar.

Las chicas comenzaron a pegar grititos ante la idea de volver a contarse todos sus secretos, como cuando se escapaban de sus dormitorios y se sentaban en el sofá delante de la chimenea, en quinto... Lo cierto es, que Carla jamás les dijo algo que fuera completamente verdad. Tenía miedo de contar sus secretos después de lo de Arturo.... aquello fue un palo demasiado grande. Sentía que jamás volvería a confiar en nadie hasta el punto de contarle sus más ocultos deseos.
Pero al fin y al cabo, las chicas estaban emocionadas y lo haría por ellas, pero no contaría nada que fuera verdad. Se inventaría algo para que no le dieran la brasa y punto.
Al llegar a la Zona Común, Alejandra y Carla se cambiaron de ropa, se pusieron la de quidditch y salieron tan rápido como pudieron "¡llegaban tarde!" Corrieron hasta llegar a los vestuarios.

-H... ho... la.... Án...Ángel -terminó por decir Carla que a penas podía respirar tras tanta carrera.
-Hola chicas. Ya casi íbamos a empezar... ¿estáis listas?
-Si... estamos listas -dijo Alejandra recuperando la compostura.
-Bien, pues vamos al campo entonces -les ordenó el Capitán.

Los tres salieron de los vestuarios montados en sus escobas, dieron tres vueltas al campo para calentar mientras el resto de jugadores ya se encontraba calentando: tiraban quaffles a los aros, intentando ser paradas por Iván, mientras que Miriam, Vanesa y Mario competían por ser los primeros en atrapar la snitch esquivando las bludgers encantadas por Ángel.

-¡Está bien chicos! ¡Ahora haremos un entrenamiento con todos, Carla y Alejandra ya han llegado! Poneos en vuestros puestos....

Cada uno se puso en su posición: Alejandra de Guardiana, Miriam y Mario de Golpeadores, Iván, Vanesa y Carla de Cazadores y Ángel de Buscador. La quaffle se puso en juego y todos comenzaron a jugar, intentando meterla por los aros, esquivando bludgers, buscando a la snitch.... Tras una hora de entrenamiento, estaban agotados.

-¡Está bien, chicos... hemos terminado! -concluyó Ángel, que como los demás, estaba reventado.
-¡Menos mal! -dijo Miriam, apoyada con la cabeza por Iván y Mario.
-Me voy a dar la mayor ducha de la historia del Quidditch... -bromeó Vanesa.
-Yo me apunto Vane -le dijo Carla.
-¡Pues venga, la última es un troll con parálisis cerebral! -Vane comenzó a correr hacia las duchas, pero Carla pasaba de correr... no tenía fuerzas.
-Serás un troll con parálisis cerebral para el resto de tu vida si te dejas ganar por Vane... se las arreglará para proclamarlo a los cuatro vientos en medio del Salón -le dijo Ángel a Carla sonriendo.
-No te preocupes, no importa... estoy demasiado cansada como para correr. Me ducharé llegue antes o después -terminó guiñándole un ojo y adelantó el paso hacia los vestuarios.

Ángel se quedó mirando cómo andaba, cómo se movían sus caderas con el pantalón blanco y las protecciones de quidditch, su chaleco amarillo, su cola alta en la que se había recogido el largo pelo. Le parecía una veela, la encontraba aún más hermosa que una de ellas. La siguió. Entró en los vestuarios y fue hacia una ducha libre en la zona de los chicos... mientras el agua le caía pensaba en ella, en cómo narices le diría lo que sentía, y sobre todo "¿cuándo?".
Mientras, Carla rejuvenecía con la ducha tras aquel día extremadamente agotador. Salió con su albornoz blanco ante la risa de Vanesa.

-Te gané Carla... ¡eres un troll! jajajaja -dijo la chica partiéndose de risa.
-Ya lo se Vane... soy un troll, es verdad, he perdido -reconoció Carla que no estaba como para discutir esas vanalidades.

De repente, volvió a acordarse de Rodrigo. Cogió su ropa interior y se la puso con cuidado bajo el albornoz. Después se lo quitó y comenzó a vestirse: un pantalón rojo de licra, un chaleco largo blanco al que añadió un cinturón ancho y unas botas altas a juego.

-Ángel, yo ya me voy... nos vemos en la cena -le dijo Carla.
-Vale, allí nos vemos.

Terminó de peinarse el pelo mojado y salió hacia el Castillo. Ángel se acariciaba el pelo frente al espejo, que comenzaba a crecerle demasiado. Pero a él le gustaba, así que no se lo cortaría. Vió tras su reflejo cómo desaparecía Carla y cerró los ojos fuertemente "¡otro día más que no se lo has dicho!" pensaba, pero ya era tarde para eso. "¿Cuándo se atrevería a hacerlo?"
Al entrar, frente a las escaleras de la entrada, vió a Catalina. Fue hacia ella, hacía varios días que no la veía, que no la encontraba por ningún lado, hacía días que no hablaban.

-¡Catalina! ¡Eh, Catalina!
-¿Si? ¡Carla, hola! -le dijo la Oso.
-Oye ¿qué te pasa? Hace días que no nos vemos... ¿dónde andas? No hay quien te coja...
-Es que... tengo demasiados deberes... no puedo ni respirar -le contestó con una sonrisa que no convenció a Carla.
-En serio. Si te pasa algo, puedes contármelo ¿lo sabes verdad?
-Claro tonta. Ya lo se, pero de verdad, no me pasa nada.
-Vente al patio de atrás y hablamos -Carla la cogió de la mano y la llevó hasta el patio -Siéntate, anda -la invitó.

Catalina le hizo caso. No tenía escapatoria, no podía irse. Debía hablar con Carla, pero con mucho cuidado.

-A ver, cuéntame ¿qué te preocupa?
-Nada. Absolutamente nada, Carla -contestó Catalina reservada.
-Mira, si no quieres hablar te entiendo. Solo espero que sepas que si me necesitas, estoy aquí para ayudarte en lo que me sea posible -la tranquilizó Carla.
-Muchas gracias Carla, eres una verdadera amiga... pero no te preocupes, estoy bien.
-Entonces, no hay nada más de qué hablar... ¿vienes a buscar a Alejandra y Gabriela?
-Lo siento, no puedo... tengo cosas que hacer -le contestó.
-Está bien. Hasta luego entonces -y se despidió entrando de nuevo al Castillo en dirección hacia su Zona Común.

Alejandra y Gabriela se estaban vistiendo para la cena. Alejandra nunca se duchaba en los vestuarios, no le gustaba. Prefería hacerlo en el baño del dormitorio, por eso llegaba antes que Carla. Cuando ésta llegó, las dos estaban listas para bajar.
En la mesa de los Lobos, Joel, Nakor y Rodrigo estaban listos para salir cuando terminaran de cenar. Deberían esperar a que todos se recogieran en las Zonas Comunes, pero al menos, lo que llevarían en las mochilas estaba preparado. Comieron rápido y salieron del Salón antes de que las chicas entraran. Se encontraron en la puerta. Joel miró a Gabriela, Nakor a Alejandra y Rodrigo a Carla. Todos sonrieron a la vez y se saludaron con la cabeza. Las chicas entraron al Salón y los Lobos subieron a su Zona Común.

-Éstos están tramando algo -sentenció Gabriela.
-Gabi, déjalos en paz... no empieces con tus profecías -le decía Alejandra divertida.
-Estoy contigo Gabi -contestó Carla con los ojos medio cerrados -pero a nosotras no nos importa. Entremos a cenar, que me muero de hambre.

Las tres fueron a la mesa de los Linces y se hartaron de todo lo que pudieron comer.
Mientras, los Lobos estaban ultimando detalles: varitas, capas, brújula... todo estaba preparado.

-Habrá que esperar.... -dijo Nakor que se tumbó en la cama, seguido de los otros dos.

Tras dos horas, el Castillo estaba en silencio. Todos estaban en sus dormitorios... ya eran las doce de la noche, por lo que los Encargados estarían haciendo sus rondas. Rodrigo metió su varita en la capa de invisibilidad y se la puso por los hombros.

-Chicos, llegó la hora. Vámonos.

Salieron los tres, mirando para todos lados en la puerta. No había nadie. Se colocaron las capas y avanzaron hacia las escaleras. Primer tramo, segundo, quinta planta... y así hasta llegar a la baja, donde se encotraba la salida. Gracias a Morgana, no se habían encontrado con ningún Encargado aquella noche. Todo estaba demasiado tranquilo. El hechizo silenciador de Nakor de nuevo, y abrieron la puerta. Una vez fuera, pudieron respirar tranquilos.

-A ver, ya estamos fuera -dijo Rodrigo -Nakor, saca la brújula ¡vamos!
-Voy, voy... nada de prisas ¡eh! -dijo mientras la sacaba de la mochila.
-¿Y bien? ¿ahora para dónde vamos?
-Joder ¿qué le pasa? -Nakor estaba blanco -mierda, se ha estropeado ¡No funciona!
-¿Cómo que no funciona? No puede ser... a ver ¡pásamela anda!

Nakor le pasó el artilugio. Era verdad, la brújula no daba señales de vida. Estaba parada, inmóvil.

-¡A saber que le has hecho zoquete! -le dijo a Nakor dándole un manotazo en la cabeza.
-¡Ahh! Que duele... yo no le he hecho nada leches.
-Pues tendremos que ir sin la brújula... ¿recuerdas por dónde era el lugar en que viste a aquellas dos personas? -le preguntó a Nakor.
-Emm... creo que si. Era muy adentro del bosque... recto por este árbol -intentaba situarse Nakor.
-Bien, pues vamos.

Los tres caminaron por donde Nakor les indicaba, hasta que llegaron a un claro del bosque que estaba demasiado oscuro como para definirlo, pero Nakor era increiblemente bueno en orientación "¡Gracias a Merlín!".

-¡Shhh! Era aquí... no habléis fuerte, puede que estén cerca.

Rodrigo, a penas respiraba intentando escuchar algo. Joel hacía lo mismo, pero nada. Ni un solo ruido.
De repente... algo se oyó.

-.... vamos ¡vete! ¡Corre!
-No... me quedo...
-Haz lo que te digo....

El silencio se hizo de nuevo. Aquel susurro era el de una mujer, una chica, igual que el de la noche anterior. Pero Nakor no estaba seguro de reconocer la voz. Los tres cogieron sus varitas a la vez.

-¡Ahhh! ¡Mierda! ¡¡Quítate de encima!!
-¿Qué pasa? ¿¿Quién es?? -preguntaba Nakor que no podía ver nada a causa de la oscuridad.
-¿Estás bien? -preguntó Joel con la varita preparada.
-¡Lumos! -gritó Rodrigo, que estaba de espaldas tumbado en el suelo... y sobre él estaba ella.
-Joder ¿érais vosotros? -dijo la chica.
-Coño Julia... ¡¡¡Qué susto nos has dado!!! -le dijo Rodrigo encantado porque ella estuviera sobre él.
-Pues anda que a no... a mi... ¿Qué hacéis aquí?
-¿Y tú? -preguntó Nakor desconfiado.
-Pues... buscando algo que se me calló en el entrenamiento de quidditch -soltó Julia, era lo primero que se le vino a la mente -¿Y vosotros?
-Pues... Nakor, que se empeñó en buscar al fantasma de Alfonso -contestó Rodrigo saliendo airoso por poco.
-Pero chicos, es una leyenda... el fantasma de Alfonso no está por aquí -les dijo Julia -bueno ¿qué? ¿me ayudais a levantarme?
-Claro -dijo Joel, que le tendió la mano.

La chica se levantó de encima del pobre Rodrigo, que estaba tan sucio como un troll. Miró a Joel que le hizo un gesto con los hombros y después dobló la boca. Al parecer no le parecía tan mal haber estado con Julia tan cerca, a pesar de haberse manchado la sudadera.
Todos volvieron al Castillo bajo las capas: Julia y Rodrigo bajo la misma. Una vez en la sexta planta, Julia se despidió de ellos para dirigirse hacia la Zona Común de los Halcones. Los Lobos fueron a la suya.
En el dormitorio, Nakor no estaba demasiado tranquilo.

-No puede ser... Julia es la chica del otro día... la que tiene que llevar a cabo la misión encomendada -les dijo repitiendo las palabras que había escuchado la noche anterior.
-No digas tonterías Nak, Julia no es capaz de...
-¿De qué? ¿Acaso la conoces tanto como para afirmar eso? -le preguntó Nakor fuera de sí.
-Pues... no tanto pero..
-¿Ves? No sabemos si es ella o no... pero lo cierto es que estaba en el bosque, en el mismo lugar de la noche anterior....
-No, no me lo creo -sentenció Rodrigo -ella no sería capaz de hacer algo malo ¿verdad?

miércoles, 9 de enero de 2008

El día después



-Carla... ¡Carla, despierta!
-Uhmmm... ¿qué... pasa? -respondió aún dormida.
-Nena... tenemos que ir a clase... vamos, levántate -le dijo Alejandra que estaba intentando meter un brazo dentro del chaleco del uniforme.
-Naaa... déjame dormir, no tengo ganas -le contestó dándose la vuelta -no me encuentro bien...
-¿No te encuentras bien? ¿te acompaño a la enfermería?
-No te preocupes, Ale, de verdad... vete ya a clase, y di que estoy enferma. Dentro de un rato iré a la enfermería yo.
-¿Seguro? Si quieres me quedo contigo -dijo Alejandra.
-No, no te preocupes, estoy bien. Vamos, no hagas esperar a Gabi, ya sabes como se pone si llega tarde a clase.
-Esta bien... nos veremos en el Salón a la hora de la comida.
-Vale -respondió Carla viendo cómo Alejandra salía por la puerta del dormitorio.

Por fin sola. No había dormido nada en toda la santa noche, estaba reventada. Volvió a dar media vuelta en la cama y se arropó tapándose hasta la oreja. Se acurrucó un poco y volvió a quedarse dormida.

Alejandra y Gabriela se dirigían a la clase de Alquimia, pero mientras bajaban las escaleras, vieron un montón de gente que se amontonaba alrededor de un chico, que al parecer estaba haciendo una demostración del hechizo Patronus. Gabriela miró a todos.

-¡Ale están haciendo magia! ¡¡Parece que es un Patronus!! -dijo Gabriela que salió corriendo para unirse a los demás con la intención de ver el espectáculo.
-Gabi, tenemos que ir a clase....
-Si, si... pero espera, podemos verlo antes, nos dará tiempo, tranquila.

Alejandra aceptó. Era Gabriela la que siempre quería llegar la primera, asi que si se quedaba a verlo, ella también.

-... y ahora, lo mejor de todo... haré aparecer un Patronus. Ejemm... ¡atención! -pidió -¡¡Expecto Patronum!!

Al instante, un hermoso y grande caimán apareció de la nada, formándose con un humo plateado que salía de la varita del chico. Éste le hizo correr por el pasillo, mientras los alumnos se apartaban para dejarle paso.

-¡Genial!
-¡¡Es precioso!! -decían.
-¡Así se hace Andrés! -le felicitó una Delfín, que al parecer era de su curso, pues todos esperaban frente a la puerta de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-¡Joder Gabi! ¿cómo sabías que era...? Da igual, no me respondas... me das miedo ¿sabes? -dijo Alejandra pálida.

Gabriela sonrió a su amiga, y posó su mirada sobre el Delfín que había demostrado que sabía cómo conjurar un Patronus. Todos le felicitaban, le daban golpes en la espalda, le animaban... Gabriela solo le miraba.
En un instante, sus miradas se cruzaron. Se sonrieron.
Gabriela no sabía qué hacer, así que desvió la mirada.

-Ale, vamos. LLegaremos tarde -terminó por decir.
-Pero... si tu dijiste... aiss, está bien. ¿Quién te entiende?

Las dos se dirigieron de nuevo hacia la escalera que daba al segundo piso, donde estaba el aula de Alquimia. Mientras los Delfines entraban en el de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Entraron en su clase y se sentaron a esperar al profesor Manuel. Era extraño, pues siempre era el primero en llegar, aunque no importaba... al menos tenían unos minutos más para descansar después de tantas escaleras.
Tras cinco minutos llegó: sacó su varita y les dijo a los chicos que sacaran un pergamino. Les tocaría coger apuntes sobre cómo llegar a obtener del agua, oro.
Después Pociones. La profesora les corrigió los pergaminos sobre la Poción de la Vida, pero antes de volver a intentarla, prefirió continuar con otra algo más fácil: un Filtro de Amor. Fue desastroso: más deberes.
Le seguía dos horas de Adivinación.... Alejandra no tenía escapatoria. Fue el único objetivo de Gabriela aquel día. Y después de lo sucedido por la mañana con el tal Andrés, ya tenía bastante. Como no, un par de profecías más para la chica de parte de la "Gran Gabriela", como la llamaban Carla y Alejandra.

Ya eran las dos de la tarde. En el dormitorio, Carla se acababa de despertar. Había tenido un sueño, que al parecer no recordaba del todo bien... pero estaba segura de que había un chico... no sabía quién era. Pero su corazón le decía que era él. Estaban a solas en una cabaña en medio de las montañas salmantinas, completamente rodeados por nieve recién caida. El misterioso chico sin rostro le daba la mano para entrar a la cabaña. Dentro no hacía frio, una chimenea estaba encendida, esperando dar calor a cualquier viajero que se atreviera a entrar y a su lado, un enorme sofá de cuadros esperaba a que alguien lo suficientemente cansado se sentara sobre él. El chico le llevó al sofá, le sentó, cogió una manta y se sentó a su lado, acercándola para que se echara sobre su pecho. Mientras él le acariciaba el pelo.... Se sentía bien, a gusto, a salvo.
En ese momento se despertó.
Se levantó de la cama, fue al armario y cogió ropa limpia. Una vez en el baño abrió el agua caliente de la ducha y se metió dentro. El agua le mojó su largo pelo castaño, haciendo que se estirara hasta la curvatura de su espalda. Bajo la catarata de agua comenzó a llorar de nuevo. Se sentía impotente. No podía hacer nada para estar al lado de Rodrigo. Él a penas le hablaba.
Sentía cómo el agua bajaba por sus hombros, mojando sus cláviculas, sus pechos, su barriga, sus muslos, llegando a sus pies. Quería gritar, gritar a los cuatro vientos que le quería, que de una vez se enterara.... pero de qué serviría, no estaba allí para escucharla.
Cogió el albornoz y salío de la bañera dejando mojado el suelo. Se secó y se vistió para bajar a almorzar aunque no tenía ningunas ganas de encontrarse con nadie, y menos aún con él.


Rodrigo entró al Salón como alma que lleva el diablo y se sentó a la mesa. Estaba muerto de hambre, así que cogió un plato y se aparto de todo, todo. Albóndigas, patatas asadas, huevos rellenos, pollo... y comenzó a comer como si no lo hubiera hecho en días.
Joel, repitió la operación. Pero Nakor no tenía hambre. Estaba preocupado.

-¿Gué te paga Gakog? -le preguntó Rodrigo con la boca tan llena que no le cabía nada más.
-No se.... creo que tengo ganas de que llegue esta noche para poder salir de nuevo. Tenemos que averiguar quiénes son los dos del bosque. Tenemos que saber qué traman.
-Estoy de acuerdo -contestó Rodrigo que había tragado con cierta dificultad todo lo que un segundo antes estaba masticando.
-Si, no pogemog egpegag mag... -apoyó Joel, que seguía comiendo ante la mirada de preocupación de Nakor. Antes estaba su estómago, después lo demás.
-Habrá que intentar averiguar de quién es la voz de la chica -dijo Nakor mirando fijamente a Alejandra, que estaba en la mesa de los Linces comiendo un poco de pollo asado.
-Eso será dificil Nak, ya quedamos en ir esta noche al bosque... lo de buscar la voz es complicado. Hay... ¿cuántas? ¿unas quinientas chicas? -recordó Rodrigo.
-Es verdad... es imposible... ¡Mierda!
-Tranquilo, esta noche saldremos, yo iré con vosotros -sentenció Rodrigo.

En ese momento, Carla entró al Salón directa hacia la mesa de los Linces. Rodrigo la vió y la paró antes de que llegara.

-Carla, ¡Carla! oye Carla... este... quería preguntarte si ya te encuentras bien
-Ro.. Rodrigo... si, ya estoy mejor gracias -contestó intentando sonreir.
-Me alegro mucho, es que ayer estabas tan... rara... pensé que era algo grave.
-No, no te preocupes, estoy bien -terminó por sonreir.
-Estupendo entonces. Nos vemos, voy a seguir comiendo.
-Esta bien. Hasta después.

Carla soltó un suspiro de alivio al ver que Rodrigo había acabado su interrogación y volvía a su mesa. Se sentó al lado de Ángel y de Gabriela, Alejandra estaba de frente.

-Nena ¿estás mejor? -preguntó Alejandra.
-Si... mejor.
-Menos mal, estábamos preocupadas... ¿al final fuiste a la enfermería? -le preguntó Gabriela.
-No. Me quedé dormida, no me dio tiempo -les respondió Carla.
-Bueno.. si estás mejor, no hace falta que vayas -dijo Ángel -pero eso si, no me falles mañana, tenemos entrenamiento.
-Joder Ángel, no atosigues ¡está mala por Casandra! -reprendió Gabriela.
-Está bien, está bien... ya me callo -le dijo guiñándole un ojo a Carla.
-Mucho mejor -terminó Gabriela.

Carla comenzó a comer, mientras Ángel la miraba. Gabriela por su parte, estaba interesada en localizar al Delfín que había visto por la mañana. Aquel chico le pareció extremadamente interesante.

lunes, 7 de enero de 2008

Más Aventuras


La oscuridad de la media noche ya había envuelto al Castillo que parecía aún más robusto con el baño de plata regalado por la luna llena, y los terrenos se habían vuelto indescifrables bajo la falta de luz, confundiéndose con el cielo en la oscura noche. Imperceptibles desde el Castillo, millones de ruidos se hacían eco en el bosque... millones de criaturas lo habitaban. Las más expectaculares criaturas mágicas convivían con animales salvajes propios de las montañas salmantinas. Linces, conejos, perdices, ciervos y zorros convivían con unicornios, centauros, duendes y saxems en perfecta armonía.
Muchos de ellos, nocturnos, se apresuraban a buscar alimento, mientras otros se dedicaban a explorar el terreno. En eso estaban dos Lobos: Nakor y Joel.
Se habían despertado una hora antes para prepararlo todo, bajo la reprochadora mirada de Rodrigo, que aún intentaba convencerlos de que se quedaran en el dormitorio.

-Chicos, por favor... ¿sabéis lo que harán si os pillan? Quedaos aqui, será mejor.
-De eso nada, Rodri. Además, no vamos a hacer nada malo... vamos a dar una vuelta a ver qué vemos -le decía Nakor que metía su brújula mágica (reciente adquisición en la tienda Mil Objetos Mágicos de Sanchotello) dentro de una pequeña mochila de piel de dragón.
-¡Eso! -le apoyaba Joel -mejor, ¿por qué no te vienes?
-Déjalo Joel, no vendrá... Rodri quiere ser Encargado -le decía serio a Joel mientras miraba a Rodrigo.
-Es normal que todos tengan aspiraciones ¿no? ¿o acaso tu no las tienes Nakor?
-Pues si, las tengo... pero no tienen nada que ver con responsabilidades de ese tipo. Lo que quiero es ¡divertirme! -le decía sonriendo.
-Espero no tener que decir "Te lo advertí" Nak. Podéis hacer lo que querais, yo me piro a la cama. Hasta mañana chicos y... tened cuidado -dijo esbozando una sonrisa que se perdió en el rostro de Rodrigo.
-Que descanses Rodri, nosotros nos vamos.

Nakor se puso la mochila a la espalda, ambos se colocaron sus capas de invisibilidad y salieron por la puerta. Bajaron las escaleras de la torre de los Lobos hasta llegar al pasillo del sexto piso. No había nadie, estaba completamente desierto. "¡Bien! mejor para nosotros" pensó Nakor mientras le indicaba a Joel sacando una mano, que podían bajar. Los dos se apresuraron de puntillas hacia las escaleras... Escalones y más escalones, parecían interminables.
De repente, apareció un Encargado de los Osos que estaba haciendo la ronda nocturna bajo la luz de su varita. El chico pasó por el lado de Joel, que tuvo que apartarse para que no chocara con él, gracias a Cassandra no resbaló pues pudo sujetarse por poco a una piedra que sobresalía en la pared. Se dejó caer hasta sentarse a causa del susto.
El Encargado se volvió "Al parecer habían hecho mucho ruido". Pero al no ver nada, se dió la vuelta y siguió con la ronda.

-¡¡¡Joder, por poco!!! -susurró Joel.
-¡Shhhh! calla, nos va a oir.... vámonos de aquí -sugirió Nakor a través de su capa.

Los dos siguieron su camino, bajando escaleras. Al fin llegaron a la entrada donde se erguía la puerta principal. Sería difícil abrirla sin que nadie se diera cuenta, la madera estaba bastante vieja, pero Nakor había pensado en todo: le haría un hechizo silenciador "Silentianuae" mientras la abría Joel con su varita.... y en menos de un segundo estarían los dos fuera del Castillo. Así fue. Los dos salieron sin problemas, gracias a que no había nadie rondando la primera planta.
Una vez fuera, Joel soltó un suspiro de alivio... aunque aún no estaban a salvo. No lo estarían hasta que de nuevo llegaran al dormitorio.

-Vamos Joel, no podemos pararnos aquí, debemos seguir...
-La verdad, es que a estas alturas me da igual comprobar si el fantasma de Alfonso VI anda por los terrenos Nakor... te lo juro. Lo que quiero es que no nos pillen, o se nos caerá el pelo... -le decía Joel mirando para todos lados.
-Eres un cagado tio. Venga, vamos -le decía mientras intentaba tirar de él sin verle.
-Vale, vale... ya voy...

Se encaminaron hacia el bosque sin ver nada, tropezando con cada rama, cada piedra, cada tocón. Cuando ya llevaban una media hora caminando a oscuras, era imposible distinguirse a si mismo, asi que decidieron encender sus varitas.

-Joel, no la enciendas demasiado, o nos podrían ver desde el Castillo... o peor, desde el otro lado del bosque.
-¡Lumos! -dijo Joel en voz baja bajo su capa, como si aún estuvieran escondiéndose, mientras se encendía la varita con una luz más tenue de lo habitual.
-Creo que así está bien, con la tuya tendremos bastante -mientras secaba la brújula mágica, que indicaba todos los tesoros, lo que más deseaba encontrar el que la portaba.

En menos de un segundo, la brújula comenzó a brillar mientras apuntaba hacia el Este.

-¡Joel he encontrado algo! -gritó Nakor desde dentro de su capa.
-¿Dónde estás? Joder, Nakor ¡no te veo! -le dijo el chico.
-¡Aquí leches! -le respondió sacando la mano mientras le saludaba, pues él veía la brillar varita de Joel, que la llevaba fuera de la capa.
-Vale, vale... ¡espérame! -Joel corría detrás de las huellas de Nakor que había empezado a correr en busca de lo que la brújula indicaba.

El brillo cada vez se hacía más intenso. Estaban cerca. Nakor tuvo que tapar con una mano el destello que emanaba de la aguja de la brújula, "alguien podría verles". Se paró en seco y Joel chocó contra él.

-¡Joder Nak! ¿Por qué te paras así?
-¡¡¡Shhhhhhhhhhh!!! calla.... -le dijo en voz baja mientras le tiraba de la capa para que se agachase donde él estaba.

De repente, se dieron cuenta de que había algo allí delante. Joel ahogó las ganas de gritar tapándose la boca con las manos, mientras Nakor se acercaba más, tan sigilosamente como se lo permitían el millar de ramas caídas en el suelo. Intentaba no hacer ruido, pero era imposible, asi que decidió pararse a una distancia prudente, mientras Joel iba tras las marcas que había dejado en la tierra mojada de la lluvia caída por la tarde. Se quedaron en silencio intentando escuchar algo.

-.... no, eso no puede ser. Él no ha podido decir eso. ¡No lo puedo permitir! ¡No puedo hacerlo! -decía una voz femenina.
-Lo hará, o ya sabe a lo que se expone... tendrá que enfrentarse a él ¡a su furia! -dijo una voz grave.
-Pero... ¿cómo pretende que haga eso? ¡es imposible! -volvió a repetir -Están bajo llave, protegidas por mil hechizos ancestrales ¡Nadie las puede sacar de ahi!
-Encontrará la forma si quiere seguir aquí -dijo el hombre.
-Es imposible, con mis conocimientos no puedo conseguirlo ¡Aún no he acabado, no sé cómo hacerlo Estarlan!
-¡Hágalo!

Tras decir esto, la figura más alta desapareció tras un vaporoso humo. La figura de la chica comenzó a moverse en dirección al Castillo hasta desaparecer en la oscuridad.

-¡¡¡¡Por Morgana!!!! ¿¿Has escuchado eso Joel?? -le preguntaba aún blanco ante la revelación que habían tenido -alguien piensa llevar a cabo algo, y nosotros tenemos que descubrirlo todo, tenemos que ayudar a desvelar si tiene algo que ver con Salmanfortis. ¡Además, tienen ayuda dentro! ¡Hay alguien infiltrado! Al menos sabemos que es chica, y debe ser de los cursos superiores... pero ¿qué Casa? Creo que esto debe saberlo Rodrigo.
-¡¡Si, debemos contárselo!! -decía Joel con ganas de irse de aquel lugar, sin duda había sido peor que encontrar a un Bravo Monarca medieval.

Los chicos salieron corriendo hacia la Zona Común a contárselo todo a Rodrigo. Estaba dormido, pero nada les detuvo. Lo zamarrearon hasta despertarle.

-¿¿Qué cojones pasa? ¿Por qué me despertais así? -les preguntó asustado.
-Rodri, acaba de pasar algo, lo hemos visto todo...
-¿Ya os habéis metido en algún lio?
-No, ninguno, pero.... -intentaba decir Joel, pero Nakor le cortó.
-¡Calla Joel! No das una, ya le explico yo -le soltó Nakor impaciente -estábamos en el bosque, buscando el fantasma de Alfonso, pero no lo encontramos. La brújula nos llevó hasta una zona del bosque muy alejada. Y encontramos a dos figuras hablando....

Nakor se lo contó todo sin olvidar ningún detalle. Rodrigo se quedó preocupado. No sabía qué hacer, si decirselo a la directora, callarse, o por el contrario actuar. Eso último fue lo que acordó con los otros dos. La noche siguiente volverían a salir a ver si con suerte, aquellas dos personas volvían a encontrarse en el mismo lugar y podían averiguar algo más.

A la mañana siguiente, se vistieron rápido con la intención de ir a desayunar cuando más gente había. Nakor tenía la esperanza de reconocer la voz femenina.
Pero al bajar, se dieron cuenta de que esa era una misión imposible. Había más chicas que chicos... no podían ir una por una haciendo que hablaran "¿con qué excusa?" No. Aquello no era una buena idea. Deberían esperar a que se hiciera de noche.

En la mesa de los Linces, Carla, Alejandra y Gabriela desayunaban aún somnolientas y bajo la atenta y disimulada mirada de Ángel, que no apartaba la vista de Carla.

-¿Sabéis qué? Hoy he soñado con un chico -dijo Gabriela haciéndose la interesante.
-¿Con un chico? ¿¿Con quién?? -preguntó Alejandra pícara mientras lamía algo de mermelada de frambuesa que amenazaba con caer de su tostada.
-¡Eso, eso! ¡¡Cuenta!! -añadió Carla.
-No lo recuerdo muy bien, pero el chico estaba sentado a una mesa de éstas, y se levantó.....

Carla dejó de oir la historia. Sus ojos se posaron en Rodrigo. El Lobo hizo lo mismo.
Ella se levantó de la mesa, bajo la mirada de sus amigas, que ponían cara de no entender nada. Salió de su banco, rodeó la mesa de los Linces sin apartar la mirada del chico. Azul y verde, encontrados. Cada paso estaba más segura de si misma "Era el momento".
Llegó a la mesa de los Lobos bajo la mirada de todo el Salón. Todos habían parado de desayunar y la miraban. Su paso decidido la llevó hasta el chico de sus sueños. Se paró delante de él, mientras Rodrigo hacía lo mismo: había parado de comer una tortita y fijamente, aún la miraba.
Ella se acercó a él, bajando su cabeza y doblando la cintura para agacharse... sin decir media palabra, le besó. El beso más apasionado y mas tierno, el más romántico y más dulce, el más fervoroso, el que derrochaba más deseo. Se comían, se mordían, se lamían.... Carla no podía soportarlo y soltó un gemido que resonó en todo el Salón. Miró alrededor. No había nadie, estaban solos. El resto del mundo había desaparecido, solo estaban ellos: ella de pie, él sentado.
Rodrigo se levantó, con el brazo tiró todos los platos al suelo, la cogió por la cintura y la sentó en la mesa.
Carla comenzó a respirar con dificultad... había soñado con esto mil veces, a todas horas pensaba en alguna escena parecida a aquella.
Él la cogió por la nuca y la dejó caer en la mesa mientras la besaba, le mordía los labios, le besaba el cuello, le acariciaba la mejilla. El calor se apoderó de ella, que cada vez notaba más humedad mientras le palpitaba todo su cuerpo. Gemía.

-Te quiero Rodrigo -le dijo en un arrebato.

El chico le sonrió, le quitó la camiseta blanca de mangas cortas y siguió recorriendo el cuerpo de Carla con su lengua, besando por donde pasaba aquella. Se quitó la camisa celeste a juego con sus ojos y después desabrochó la falda vaquera de la Lince con tanta duzura que Carla no podía creer que eso estuviera sucediendo.
Por fin, a solas con él. Era suyo.
Se subió a la mesa con ella, y se tumbó encima mientras seguía besándola y lamiendo sus pechos. Las uñas se le clavaron en la espalda, llegando a hacerle unas marcas rojas. Él se mordió el labio. Le había dolido, pero no le importaba. Era el fruto de la excitación de Carla y le encantaba.... También estaba excitado, como dejaba patente aquel hinchazón en su entrepierna. Intentando controlarse, le quitó el sujetador y le bajó las braguitas lentamente. Estaba desnuda. Se bajó sus slips y dejó al aire su pene que clamaba por Carla.
La chica le cogió los brazos y lo atrajo hacia ella, le besó "estoy lista" pensaba mientras abría sus piernas dejándole en el medio. Sudaban, el calor era insoportable.
Con cuidado, lo fue introduciendo, despacio. Ella gimió fuerte... le dolía, pero ya nada le importaba, solo Él. Hacia fuera, de nuevo adentro, él se movía lentamente mientras se mordía los labios y besaba a una Carla fuera de sí. Sus gritos resonaban en el Salón con tal eco que tuvo que taparse la boca con una mano. ¡¡¡Dios....... atraeremos a todos aquí!!! Pero eso a él no parecía importarle, disfrutaba con los gemidos de aquella mujer. Seguía moviéndose, más calor, más pasión, más gemidos, gritos, más aún... y llegó. El Éxtasis. Carla flotaba en una nube junto su chico, su amor, el hombre de sus sueños. Al acabar, se acercó al oido y le dijo.

-Te amo Carla.

Estaba alucinada, "¡No podía creer lo que había escuchado! ¿Era cierto? ¿Le quería?" Ella si, lo sentía. Estaba enamorada. Aún tumbados en la mesa, volvió a besarle de nuevo. Sentía sus labios gruesos, suaves.... cada vez menos, menos suaves, menos reales....

-..... creo que me dijo, "Busca la Felicidad" ¡La Felicidad! ¿Qué os parece? -terminó Gabriela.
-Vaya cosas más raras sueñas Gabi, ¿verdad Carla? -le preguntó Alejandra.
-....bufff... -estaba paralizada: los ojos fijos, la boca abierta.
-¿Carla? ¿Estás bien? Estás un poco roja, y estás.... sudando... ¿Qué te pasa?
-N...na...da -consiguió articular la chica antes de levantarse.

Salió corriendo del Salón, sin mirar a Rodrigo... le daba demasiada vergüenza. Corrió hacia las escaleras. Rodrigo se había levantado y la había seguido, al igual que las demás chicas y Ángel.

-Carla ¿Estás bien? -le preguntó el Lobo desde la puerta del Salón.
-Si.... -dijo sin parar de subir las escaleras y sin mirar a quien momentos antes había tenido delante suya, besándola, haciéndole el amor.

No paró hasta llegar a su dormitorio, abrió las sábanas y se metió dentro aún vestida. Metió la cabeza debajo de la almohada y contuvo la respiración al recordar lo que al parecer había imaginado. Cerró los ojos con fuerza y comenzó a llorar con una sonrisa. Al menos en sus pensamientos, Rodrigo era suyo.

viernes, 4 de enero de 2008

Deseos inconfesables






Veinticinco de Septiembre. Ya había pasado casi una semana desde que las Linces consiguieron los puestos dentro del equipo de quidditch. Los entrenamientos se fijaron los martes y jueves, añadiendo algunos sábados si el Capitán lo veía necesario. Ángel casi siempre cogía los sábados, no porque fuera necesario, pues creía haber formado el mejor equipo de quidditch de los últimos tiempos, sino porque pensaba que todo entrenamiento era poco. Era muy perfeccionista, y ensayaba las jugadas mil veces por si acaso. "Nunca se sabía lo que podía depararte un partido" decía siempre, así que entrenaban con lluvia, sol, tormenta, nubes.... y según él, todo eso era necesario.


-Ángel ¡por Hécate! Es sábado.... y ya hemos entrenado bastante.... anda, dejémoslo... -decía Carla que estaba llena de barro hasta las cejas.
-¡Eso! -apoyó Alejandra.
-Si... deberíamos parar, Ángel -dijeron Miriam y Vanesa que estaban empapadas a causa de la lluvia.
-El día está horible como para seguir -dijo Iván.
-Yo ya no puedo más... -terminó diciendo Mario que se sentó en su escoba dejando los pies apoyados en el suelo.
-Esta bien... creo que lo dejaremos por hoy -accedió Ángel al ver las caras de las chicas que parecían estar cansadísimas.
-¡¡Bien!! -gritaron todos a la vez.

Se dirigieron a los vestuarios, a darse una ducha y a ponerse algo de ropa seca y libre de fango.
Alejandra tuvo que irse antes, tenía deberes de Adivinación "Un asco", y el resto desaperecieron bajo parguas de colores o algún que otro hechizo anti-lluvia.
Hacía tiempo que Ángel quería tener así a Carla, a solas. Ella se estaba poniendo unos calcetines altos con un pantalón por las rodillas color miel. Encima, se puso unas botas blancas planas que iban a juego con su chaleco blanco y suave de pelo corto al que le había hecho un hechizo de brillo. Estaba preciosa. "¡Aún es demasiado pronto!" pensaba mientras miraba cómo se colocaba las botas y se peinaba recogiéndose la larga cabellera en un moño alto al estilo de las bailarinas de ballet. Cogió un abrigo corto negro y una bufanda amarilla. Se los puso mientras Ángel se daba la vuelta y la miraba a través del espejo en el que intentaba hacerse un hechizo para controlar su pelo.


-Bueno, Ángel, yo ya me voy.... nos vemos en la cena, ¡Adiós! -le dijo.
-Es..este... está bien carla -respondió.

El chico se quedó mirándola mientras salía del vestuario y con graciosa agilidad, sacó su varita e invocó un hechizo anti-lluvia "Haudimbris" y siguió caminando sin pararse hasta llegar a la puerta principal del Castillo.
No sabía lo que le pasaba... era extraño. Su estómago se volvía loco al verla llegar a los entrenamientos, al sentarse a su lado a la hora de comer, al pronunciar un hechizo delante de todos en las clases de Encantamientos... Siempre había pasado de las chicas, su pasión era el Quidditch y era lo único que le interesaba... hasta ahora. Carla era excepcional, especial, ideal para él. Simpática, inteligente, divertida.... todo en ella le gustaba.
Salió de sus pensamientos, "Debo decírselo" no quería esperar más. Aunque... no se veía con fuerzas. Cada vez que la tenía delante, se ponía tan nervioso que acababa hablando de cualquier otra cosa. Pero ya se había fijado el objetivo de que aquella semana que entraba se lo diría y no había vuelta atrás.
Alejandra acababa de terminar los deberes. Cerró le libro del que sacaba las respuestas, enrolló el pergamino, lo guardó junto con la pluma, se esperezó en la silla y se frotó los ojos.


-Estoy muerta.... entre deberes y entrenamientos... yo ya no puedo más -le decía a Gabriela que estaba en el sofá leyendo 'El Arte de leer el Futuro y cómo ser un buen Adivino'.
-Imagino que si... por eso yo paso del quidditch, es demasiado comprometido... además, no me gusta demasiado. Aunque me encanta ver los partidos... y ahora más, que estareis vosotras -respondió con una sonrisa ante la visión de verse con la bufanda del equipo y animando a sus amigas.
-Pues a mi me encanta el quidditch. Se que al final tendremos menos tiempo para todo, y que los entrenamientos son duros, pero por estar en el equipo hago lo que sea.
-Eso si, como no ganeis, os haré un hechizo reductor de cabezas -bromeaba Gabriela.

Las dos empezaron a reirse mientras la puerta de la Zona Común se abría para dar paso a una Carla demasiado cansada como para cerrarla, cosa que tuvo que hacer Gabriela.


-¿Qué te pasa Carla?
-Muerta, Gabi, estoy muerta... -le dijo mientras se sentaba en el sofá -además, ya casi es la hora de cenar.

Se le cambió la voz y la cara. Llevaba ya casi cuatro días sin ver a Rodrigo entre entrenamientos, clases y deberes. Pero estaba decidida a buscarlo, quería verle.


-Vamos, debemos bajar a cenar -dijo Alejandra sin mucha ilusión, a causa del cansancio.


Las tres salieron en dirección al Salón, casi sin hablar. Tenían más sueño que hambre, menos Carla, que no tenía ni una cosa ni otra.... solo quería ver a Rodrigo.
Al entrar, todo estaba en silencio. Los chicos comían en cada una de las cinco mesas, sin pronunciar palabra. La semana había sido agotadora. Deberes, entrenamientos, más deberes, más entrenamientos.... Gracias a Merlín, ya solo quedaban horas para comenzar una nueva.
Alejandra cogió de todo un poco: salchichas, pollo asado, jamón, carne en salsa, guisantes, arroz con tomate y para terminar, un poco de flan. Comía sin cesar mientras Gabriela se apartaba algo de mousse de chocolate y Carla ya no podía estirar más la cabeza hacia la mesa de los Lobos buscando a Rodrigo.
Él, Nakor y Joel no paraban de reir. Al parecer estaban planeando algo, mientras Rodrigo se negaba rotundamente a lo que pretendían llevar a cabo. En menos de un segundo, una mirada del Lobo se escapó hacia la mesa de los Linces, y se encontró con la de Carla. Deseaba desviarla, pero no podía. Veía tan cerca sus ojos azules que no deseaba mirar otra cosa. El tiempo se paró, no había nadie alrededor. Él tampoco podía, y no sabía si quería parar de mirarla.


-.... es que no puede ser, te llenas la boca! -dijo Alejandra mirando a Carla, que tenía toda la boca llena de mousse de chocolate.
-Aisss.... que horror. -dejó de mirar al Lobo y cogió una servilleta para limpiarse roja como una Saxtem de fuego.
-Jajajajajaaa -Gabriela no paraba de reir al ver la cara de Carla -tendrás que usar más de una servilleta, nena.
-Pásamelas Gabi -pidió.
-¡Toma anda!

Se limpió lo mejor que pudo, y volvió a mirar a Rodrigo, que le sonreía mientras se tocaba el pelo. "¡Dios, le estaba mirando! ¡Le seguía mirando mientras se limpiaba! ¡¡¡Qué vergüenza!!!"
Terminó de limparse bien y salió del Salón sin esperar a las chicas. Dió media vuelta en la puerta hacia la izquierda y siguió el pasillo recto hasta la estatua de Leonardo el Noble, al parecer un antiguo director de la Edad Media, y entró en un aula donde se daban clases de Numerología.
Se levantó también y la siguió: giró a la derecha, por el pasillo recto hasta el aula y entró.


-Hola.... Carla -dijo.
-H... hola.... ¿qué haces tu.... aquí?
-Te he visto salir deprisa, sin esperar a tus compañeras y pensé que te ocurría algo.
-Es... estoy bien, gracias Ángel -respondió la chica que aguantaba las lágrimas como podía.
-No, no lo estás Carla. Lo noto.
-¿Pero qué dices? No me pasa nada.
-Te conozco... no desde hace mucho, pero no importa. Lo suficiente como para saber si algo te preocupa o no. -le dijo el Capitán de los Linces.
-Vaya.... no sabía que me conocías tan bien.

No esperaría más, "¡Se lo diría ahora! Estaban solos... era ahora o nunca"

-Carla.... yo.... yo.... -comenzó a decir -tu.... este....
-A ver, ¿yo o tu? aclar...
-Shhh, calla o no podré decirtelo.

Ángel se acercó a ella lentamente, mirándola de arriba a abajo, admirando sus botas blancas, su pantalón, increíblemente ajustado a su figura, su pelo recogido que le daba un toque elegante y sensual. Llegó hasta sus ojos y la miró fijamente reflejándose en su color verde.

-¿Qué te pasa Ángel? ¿Estás bien? -preguntó asustada.
-Si, estoy mejor que nunca Carla....

Sin terminar de decir esa frase, se acercó y le acarició la mejilla, notando sobre la yema de sus dedos la suavidad de su piel.

-No estés triste....
-No... no lo estoy -dijo sonriéndole.
-Piensa que hay mucha gente que no quiere ver cómo lloran esos ojos.

No sabía qué responder a eso. "¿Quiénes? Sólo tenía unas cuantas amigas, y si alguien le importaba ese era Rodrigo" Pero Rodrigo a penas se fijaba en ella.... Solo aquella noche había notado que por un segundo había logrado captar la atención del chico. "¿Qué había cambiado?" No entendía nada. Y ahora él, Ángel, que estaba allí con ella, sin saber por qué ni para qué. "¿Acaso iba a decírselo?" Estaba hecha un lio.
En aquel momento, en que Carla se había quedado mirando al Lince, Alejandra y Gabriela entraron buscándola.

-Nena, estábamos preocu... perdón ¿interrumpimos algo? -preguntó Gabriela.
-No, claro que no Gabi... yo ya me iba hacia la Zona Común.
-Si, yo también me iba... adiós -y el chico salió del aula caminando con paso rápido.
-¿Qué le pasa a ese? -le preguntó extrañada Alejandra, que le seguía con la vista hasta que se perdió en el pasillo al girar hacia la izquierda.
-¿Yo que se? Está raro, tia -contestó.

Las chicas se fueron a sus dormitorios, era tarde y estaban cansadas tras aquel sábado agotador. Entraron, se pusieron los pijamas y se metieron en la cama, que cada noche que pasaba, estaba más fría. Un escalofrío recorrío la espalda de Carla mientras se acurrucaba y se tapaba más. En menos de cinco minutos, ya estaban dormidas.


El día anterior, habían vuelto a bajar a las Catacumbas, a invocar su sofá celeste, a estar desnudos, piel contra piel, labios, besos, lenguas, lametones, mordiscos, pasión, deseo, gemidos, sexo. Julia deseaba tener aquellos encuentros a cualquier hora. Buscaba cualquier hueco libre para estar con Tomás, el chico que había perdido su virginidad con ella. Antes era inexperto, ahora tras varios encuentros, era el primero que deseaba estar con ella.
Le necesitaba.... se necesitaban.

martes, 1 de enero de 2008

Celebraciones dulces







Le cogió la mano y tiró hacia ella, pero se pararon en seco al ver que aún había un chico que les miraba en el vestuario. Por fin se fue. Había estado espectacular aquella tarde, él nunca había visto nada igual. Mientras, ella le sonreía y se llevaba un dedo a la boca con sensual picardía intentando pensar algún lugar en el que satisfacer su incontrolable deseo... "¡Las catacumbas...!" pensó y rápidamente, sin pararse a pensar en las consecuencias si les pillaban, tiró de él hacia el castillo, en dirección a las escaleras que se encontraban tras la efigie de Demetrio, el anterior Director situada a la entrada, justo en frente de la gran puerta de roble que cerraba el paso a aquellos intrusos que no debían estar allí al no ser ni estudiantes ni profesores.
Pasaron un arco que les daba la bienvenida al lugar donde se encontraba la clase de Pociones, y siguieron bajando, hasta el lugar donde eran enterrados todos los directores de la escuela, con las varitas iluminadas en alto intentando ver el lugar por el que pisaban, oculto por la caprichosa oscuridad que se cernía en aquel escalofriante recorrido.
Corrían escaleras abajo, jadeando, sin saber si era debido al cansancio de bajar aquellas interminables escaleras o fruto de aquella imparable pasión que parecía haberse apoderado de ellos.
Al fin, los escalones acabaron para abrirse en una enorme sala, bastante iluminada para estar bajo tierra. La luz provenía de unas enormes lámparas de velas colgadas del techo, que estaba increíblemente alto. La estancia era sobria, sin decoración alguna solo se apreciaban sus paredes de piedra y un sillón de cuero y madera que parecía estar esperando que alguien se sentara sobre él.
En un instante, sus miradas se cruzaron. Ella le sonrió y él sin poder soportarlo más le acarició el pelo, que le caía a los lados de la cara algo revuelto a causa de la carrera. Era suave, del mismo color que los rayos del sol.... parecía una hermosa veela. Y allí estaba, delante suya esperando a que él diera el primer paso. Era la segunda vez que se veían, pero la atracción que ambos sentían resultaba incontrolable.
Él se acercó más a ella "¡Es preciosa, por Merlín!" retrasando el momento de besarla mientras recorría con su mirada cada poro de su piel, de su cara angelical. Los dos se miraban y sin poder soportarlo ni un segundo más, ella se acercó a sus labios y los lamió despacio, recreándose en su
sabor. El le besó con ansioso deseo, recorriendo con la lengua la cavidad de su boca en busca de la de ella. Le lamía, le besaba, le mordía los labios que parecían tan apetitosos como una manzana madura. Poco a poco, comenzó a notar una presión entre las piernas, frenada a duras penas por la tirantez de su pantalón gris. Gimió ante aquel placer recién descubierto. Ella sonreía divertida ante aquel espectáculo mientras se mordía el labio inferior y miraba su entrepierna. Pero eso no acabaría ahí.
Se acercó a él un poco más y comenzó a lamerle la oreja y a mordersela suavemente, siguiendo lo que parecía un camino bien trazado: la oreja, el cuello y.... Le besó el cuello mientras con sus delicadas manos comenzaba a desabrocharle la corbata para seguir con los botones de la camisa.

-Pero... -intentó decir.
-Shhh... calla... -le cortó.

Le besó de nuevo con intención de ahogar la pregunta del chico. Ahora no quería escuchar dudas, solo le deseaba a él. Quitó el resto de botones, uno a uno muy despacio. Cada botón desabrochado, una mirada se desviaba a su cara, y como no, a su creciente erección que amenazaba con estallar de un momento a otro.
Él se mordía con fuerza los labios mientras se dejaba hacer e intentaba con todas sus fuerzas que lo que estaba sintiendo no fuera a más.
Y ahora le besaba, de nuevo le besaba, pero en otro lugar... su pecho desnudo, joven, inexperto, bajando lentamente. Sentía que no soportaría más. Sus manos se deslizaron ahora hasta el único botón de su recién estrecho pantalón seguido de la cremallera, y los desabrochó dejando en libertad su pene erecto, aún resguardado dentro de sus slips. Al sentir la cercanía de sus manos, cerró los ojos con fuerza intenando controlar los latidos de su corazón, que estaba desbocado. Un extraño calor estaba apoderándose de él, mientras ella comenzó a desabrocharse el primer botón de la camisa, el segundo, el tercero, el cuarto... Sus pechos casi quedaban al aire, afirmados por un sujetador de encaje negro transparente. Lo sentía, comenzaba a humedecerse.... Cerró de nuevo los ojos, no se sentía con fuerzas para ver nada más. Su erección ya casi estallaba dentro de aquellos slips de snitchs "¡Dios, que horror! los más horrorsos..." que comenzaban a abrirse por el elástico superior como por "arte de magia". Pero no importaba, su delicada mano estaba juguetona, y decidió jugar con aquello. La introdujo dentro, haciéndose hueco a través del elástico incapaz de mantenerlo guardado. Poco a poco lo fue bajando para dejar al descubierto la completa desnudez de aquel chico que se moría por ella.

-Julia, creo que no deberíamos... -intentó decir el Capitán de los Halcones.
-Hoy mando yo, Tomás, solo yo...

Cogió su varita he hizo aparecer un mullido sofá color celeste. Le empujó hasta él y le sentó. Con asombrosa delicadeza, se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo, deslizándose por sus firmes piernas. Desabrochó con sensualidad su sujetador, dejándolo en el suelo, y bajó sus braguitas a juego, que quedaron inertes bajo sus pies. No creía lo que veía... parecía tan hermosa en aquella situación como la diosa Venus saliendo del mar, ayudada por los Vientos y arropada por la protectora de la Naturaleza. Se acercó a donde estaba Tomás y se sentó, le miró con sus brillantes ojos azules y cogiéndole por la nuca, le acercó, tumbándose los dos en aquel sofá cálido y sorprendentemente cómodo. Él sobre ella.



Carla y Alejandra llegaron a la Zona Común dispuestas a disfrutar lo que les quedaba de domingo, debían celebrar que habían conseguido entrar en el equipo de los Linces. Había sido la mayor hazaña conseguida hasta la fecha por Carla. Lo deseaba tanto... desde primero.
Al entrar en el dormitorio a coger ropa para ducharse, las chicas vieron a Gabriela.

-¡Eh! ¿Cómo os ha ido? -preguntó sin interés.
-¡¡¡Lo hemos conseguido!!! -gritaron las dos.
-¡Carla es Cazadora y yo Guardiana! -le contestó Alejandra con una sonrisa que no le cabía en la cara.
-Claro, no podía ser de otra manera -contestó Gabriela sonriendo.
-¿Cómo? -preguntó Carla que no entendía nada.
-Chicas, ¡Lo vi! ¡Yo lo vi todo! Estaba en vuestras cartas, en las líneas de vuestras manos. Pero no quise deciroslo, porque podría haberos asustado, y podríais no haber llegado a cumplir vuestro destino.

Las chicas estaban alucinadas, con la boca abierta, blancas ante lo que les había dicho Gabriela. "¿Sería verdad lo que acababa de decir?" Ellas sabían de sus dotes para la adivinación, pero aún era alumna... "¿Cómo podía saberlo?".

-Me asustas Gabi -dijo Alejandra saliendo de su asumbro.
-Jajaja no digais eso... ¿acaso no es genial saber que te va a pasar?
-El problema es que tu lo sabes, pero nosotras no -dijo Carla que sin duda tenía unas ganas tremendas de saber qué pasaría con una persona en particular.
-Tranquila Carla... sé por qué lo dices. Tiempo al tiempo, nena... tiempo al tiempo... -respondió Gabriela aún más enigmática que antes.

Carla se puso tan colorada que no volvió a preguntar nada más. Se limitó a guardar silencio mientras Alejandra seguía insistiéndole para que le contara algo sobre ella y su futuro. "¿Será posible, que Gabriela sepa algo sobre mí? ¿Sobre.... Rod..?" Ni se atrevió a seguir pensándolo. "No era posible que lo supiera.... ¿o si?"
Agradeció enormemente que Alejandra cambiara de tema y decidiera ir al bosque a hacer un pic-nic para celebrar su recién nombramiento como Guardiana y Cazadora, así Gabriela dejaría de mirarla como si supiera sus más oscuros secretos.
Las 3 chicas se vistieron tras una ducha reparadora y salieron dirección al bosque con una cesta enorme, que levitaba detrás de ellas a la orden de la varita de Gabriela. Al llegar a un claro lleno de una olorosa hierba verde regada con hermosas margaritas blancas y amarillas, Gabriela paró en seco, y con ella la cesta que se deshizo para montar un enorme mantel de quaffles rojas, en honor a las recién fichadas jugadoras del equipo amarillo. En seguida se llenó de todo lo que traían en la cesta: buñuelos de nata y chocolate, zumo de arándanos que transportaban en grandes jarras cubiertas por un hechizo tapadera, galletas de snitchs con sabor a canela, bizcocho de chocolate....
Mientras comían, charlaban sobre qué harían en su primer partido, que ya sabían que sería contra los Osos. Al parecer, el año enterior éstos casi ganan la Copa de Quidditch, de no ser por Nakor que encontró la snitch justo a tiempo, pues los Osos les iban ganando. Pero al final lograron llevarse el partido y hacer doblete junto con la Copa de la Casa.


En la Zona Común de los Osos, Catalina no sabía qué hacer... si llevar a cabo la misión que le habían encomendado, o simplemente negarse. Aunque sabía que no serviría de nada resistirse, era una orden, debía hacerlo. De vez en cuando, deseaba ser otra persona. Pero ¿qué podía hacer? Ya no tenía remedio, todo había empezado. Estaban dentro, los estaban buscando y no podía hacer nada para evitarlo.... es más tenía que ayudarlos.
Se tumbó en el sofá cerca del fuego y llorando se quedó dormida.


Rodrigo, sentado en una mesa de la biblioteca, pensaba sobre lo que había oido. No podía creer que aquellas chicas hubieran logrado los puestos de Guardiana y Cazadora... aquellas Linces debían ser realmente buenas, porque no se hablaba de otra cosa por los pasillos del Castillo. También llegaron rumores de que fue Julia la elegida por los Halcones para el puesto de Guardiana.... No tenían el mismo puesto dentro de cada equipo... al parecer, comprobaría pronto que tan buena era Carla como Cazadora.